martes, 30 de junio de 2009

Perez Esquivel a los Presidentes de los países del Continente Americano

Adolfo Pérez Esquivel

Al secretario General de la OEA
A las Iglesias, Movimientos y organizaciones populares.

Nuevamente surgen en el continente los golpes militares apoyados por el Pentágono y la CIA y los grupos de poder económico, eclesiástico y político que no quieren cambio alguno y están dispuestos a imponer nuevamente gobiernos dictatoriales en los países que intenten cambios estructurales y la conquista de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.

Lo estamos viviendo en la República hermana de Honduras, víctima de un golpe de Estado por las fuerzas armadas y sus aliados contra el gobierno del Presidente Manuel Zelaya, a quien detuvieron y expulsaron del país, encontrándose actualmente en Costa Rica.

El Presidente de Costa Rica, Oscar Arias asumió su responsabilidad en defensa del gobierno democrático hondureño al decir “que el golpe de Estado contra el gobierno hondureño es un gran retroceso”, y expresando su solidaridad con el pueblo hermano, reclamando la restitución de Presidente Zelaya en su función presidencial.

Rechazamos el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya y reclamamos acciones urgentes de la OEA, y de los gobiernos en el continente para respetar y restituir en sus funciones de gobierno al mandatario depuesto, sin imposición alguna. Se debe juzgar y condenar a los militares golpistas y sus cómplices. No pueden quedar en la impunidad; son criminales que atentan contra la democracia y los derechos humanos del pueblo hondureño y dañan a todos los pueblos del continente y el mundo.

Reclamamos al Presidente de los EE.UU. Barack Obama, intervenir urgentemente para que se respete al pueblo hondureño y su Presidente electo democráticamente.

Que repudie el golpe de Estado llevado a cabo por las fuerzas armadas hondureñas y sus secuaces.

Es hora que el gobierno de los EE.UU. cambie su política intervencionista en el continente latinoamericano y sepa respetar la voluntad de los pueblos. Las fuerzas armadas no actúan sin el consentimiento del Pentágono y de la CIA y la complicidad de empresarios, sectores eclesiásticos y políticos que siempre usaron y abusaron del poder para dominar al pueblo.

Esos sectores antidemocráticos pretenden imponer conflictos y guerras de baja intensidad en la región para defender sus intereses y evitar la soberanía y autodeterminación de los pueblos.

Reclamamos a la OEA, desconocer el gobierno golpista impuesto en Honduras. Desconocer al gobierno de facto y restituir en su cargo al Presidente elegido por el pueblo, Manuel Zelaya.

Pedimos a los movimientos y organizaciones populares del continente y de otros países solidarios:

* Repudiar el golpe de estado en Honduras

* Reclamar el restablecimiento en sus funciones del presidente Manuel Zelaya, sin condicionamiento alguno.

* Reclamamos sancionar a los militares y sus cómplices; parlamentarios, magistrados, empresarios y eclesiásticos, que no pueden quedar en la impunidad

No podemos olvidar que quedan en el continente remanentes de fuerzas armadas golpistas, impregnadas de la Doctrina de Seguridad Nacional y con añoranza de las dictaduras que, en lugar de estar al servicio del pueblo, se han transformado en tropas de ocupación de sus propios pueblos, violando los derechos democráticos y los derechos humanos

No podemos olvidar que sectores antidemocráticos y golpistas intentaron imponer un golpe de Estado, contra el gobierno legítimo del Presidente Hugo Chávez, de la República Bolivariana de Venezuela y gracias a la acción y apoyo del pueblo venezolano y la solidaridad internacional, fue restituido al gobierno y se logró derrotar a los golpistas.

Los magistrados del Tribunal Electoral, la Corte y el Congreso, deben actuar de acuerdo a la Constitución Nacional y respetar el llamado a la consulta popular sobre la Reforma Constitucional y las decisiones democráticas del gobierno.

No pueden avalar y apoyar un golpe militar contra un gobierno constitucional, se ilegitiman por sus acciones y ponen en peligro todas las democracias en el continente, al apoyar un gobierno de facto, inmoral e ilegítimo.

Por el derecho de los pueblos a su soberanía y autodeterminación decimos:

¡¡¡¡¡¡ No a los golpes militares. basta ya!!!!!!!

Los pueblos son los constructores de su propia vida y de su propia historia.


Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nóbel de la Paz
http://www.argenpress.info/2009/06/perez-esquivel-los-presidentes-de-los.html

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Todavía

Eduardo Pérsico

No todos los instantes ya pasaron y aún aguardan tenaces.
Imprevistos. Furtivos.

Ocultos en la lluvia que enjuaga la ventana,
o en la invicta añoranza que irrumpe cada tanto
si algo ya nos dejó camino arriba.

No son sólo un ayer de gorriones quebrando
el aire transparente de una tarde lejana.
Ni el sol febril curtiendo la sangre adolescente.

Tal vez cada futuro es también una ausencia.
Sin el dulce regusto de niñez y nostalgia,
un posible que ausente no alcanzó su destino.

Sin aguardo de magia o resplandores
cada fugacidad será un acaso
muy íntimo y final. Sueño y milagro.

Entonces. Todavía.


Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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jueves, 25 de junio de 2009

El Principito en Concordia

Alberto Morlachetti

La ciudad de Concordia, una de las más importantes de la provincia de Entre Ríos hoy, con 170.000 habitantes, solía ser un lugar manso y luminoso, a orillas del río Uruguay. Cuando el secreto de la vida era un toque de albas, una dulce campanada que abría las puertas a los días soleados y los ancianos pasaban la hora del calor bajo la sombra aromada del naranjo. El tiempo transformó a Concordia en una ciudad de corazones despeñados.

En la ciudad viven 36.000 chicos entre 5 y 14 años de edad, de los cuales 75,7% son pobres y la mortandad infantil alcanza el 28.2 por mil. Cifras beligerantes contra la bella jornada de la vida. Ciertamente impresiona ver cómo las políticas gubernamentales van construyendo el inmóvil paisaje de la muerte. Un juego de penumbras que se proyectan sobre el duro paredón de la miseria. Podríamos decir que para esos niños de pequeños dientes y "corazones de manjar" la muerte dispone generosamente su mesa en la ciudad de las naranjas.


-I-


Las clases dominantes están demasiado orgullosas de sí mismas. Son el poder en una sociedad amasada y pensada, que espera de su población formas sumisas de hacer la vida, mediante la imposición de innumerables normas o la "pura violencia", para excluir cualquier tiempo profano o la temida revuelta.

Ya sea por una sentencia explícita, ya por un veredicto implícito aunque nunca publicado oficialmente, los pobres han devenido superfluos, escribe Zygmunt Barman, inútiles, innecesarios e indeseados, y si el hambre aprieta y reclaman, los acusan de pedir ventajas inmerecidas. Si intentan alinearse con los modos de vida comúnmente aceptados, los acusan de indolencia, cuando no de intenciones criminales. En otras palabras, de parasitar en el cuerpo social.


-II-


Antoine de Saint Exupery había aterrizado en varias ocasiones en los años 30, cerca del castillo de San Carlos en Concordia en la época que sus vuelos comenzaban a diseñar su literatura sorprendente. En esa tierra ingenua entre perfumes de azahar y agua del carmen, Saint Exupery escribió que vivió "un cuento de hadas". Allí encontró quizás los primeros colores de la rosa que luego construyera pétalo a pétalo para El Principito.

Sobre aquel sueño de la vida ha caído la lluvia de otoño, hasta convertir en ruinas aquel paisaje que sólo guardan las fotos amarillas de la nostalgia. En esos escombros de San Carlos en Concordia se encuentran las últimas emociones de poner el amor en cualquier rostro, susurros de un pedazo viejo de esperanza: la rosa secreta.

Fuentes de datos:
AGMER (Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos) y CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina) Seccional Entre Ríos

Alberto Morlachetti
http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=1928:el-principito-en-concordia&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106

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sábado, 20 de junio de 2009

Filósofos, lo que se dice filósofos, eran los de antes, como los guapos

Eduardo Dermardirossian

Alguna vez tenía que decirlo. Después de haber elogiado la duda y el disparate, después de hacer la alabanza de las malas palabras, hoy quiero hablar de los filósofos y de los filósofos. Y decir por qué prefiero a aquellos antes que a estos.

Filósofos eran los de antes. Tenían ese talante manso, esa mesura que los situaba en el justo medio de las cosas, esa sapiencia que venía de mirar adentro, muy adentro de las almas. A ellos no los amonestó Dios porque tenían licencia para explorar, para comer el fruto del árbol prohibido.

Cierta vez, el poderoso rey Darío le escribió así a Heráclito: "Tú eres el autor del tratado De la naturaleza, difícil de comprender y duro de interpretar. En algunas partes tu estilo parece tener un cierto poder de especulación sobre todo el universo y las cosas que en él suceden, que dependen de un movimiento completamente divino. Pero la mayor parte de las afirmaciones me producen dudas, de modo que incluso los más entendidos en las letras no podrían dar una recta interpretación de tu trabajo. Así, pues, el rey Darío de Histaspis quiere participar de tu instrucción directa y de la educación griega. Ven sin tardanza conmigo a palacio. Pues los griegos, duros en general como son para reconocer abiertamente a sus hombres sabios, descuidan las buenas demostraciones que ellos hacen destinadas a un oído atento a aprender. Conmigo te esperan todo tipo de privilegios y una bella y elevada conversación cada día, unida a una vida honrada según tus consejos”. Heráclito le respondió: “Cuantos hombres hay sobre la tierra se apartan de la verdad y de la justicia, y por causa de una malvada locura se dedican a la avaricia y deseo de fama. Yo, habiendo logrado el olvido de todo tipo de maldad y tratando de escapar de la saciedad que acompaña a la envidia, y también porque tengo horror del esplendor, no puedo ir al país de los persas, bastándome con unas pocas cosas buenas para mis propósitos”. Tamaño desaire no enfureció al mandamás de los persas porque venía de un filósofo; porque, en efecto, filósofos, lo que se dice filósofos, eran los de antes, como los guapos.

Heráclito había construido un sistema de pensamiento sobre la naturaleza controversial de la realidad; Darío quería comprenderlo, quería copiar su saber y por eso lo llamaba a su corte, para que le enseñara su ciencia y sapiencia. Para la nomenclatura moderna el uno es filósofo, el otro también. Para aquellos antiguos, en cambio, sólo el primero lo es.

Por eso hablo de filósofos y de filósofos. Unos, perplejos de sí mismos y absortos ante los misterios del universo, buscan y rebuscan aquí y allá, en todos lados, el haz de luz que les muestre el comienzo del camino, sólo el comienzo. Los otros, iluminados e iluminadores, pretenden haber recorrido el camino hasta el fin. Aquellos, devotos de la duda, estos, campeones de la certeza.

Y no hay que remontar la historia para encontrar filósofos de la primera clase. Ahora y aquí los verás gastando suelas o sentados a la mesa de un bar, revisando los titulares del diario de ayer o mirando en la plaza cómo corren los niños. Los verás en la platea del mundo mirando cómo los de la segunda clase ofrecen los parabienes que un día antes rescataron del basurero. Por eso, el título que has leído sólo quiere llamar tu atención, sólo eso.

La licencia para titularte filósofo está ahí, al alcance de tu mediana memoria y de tus nalgas estudiantiles. Basta que fatigues tus ojos sobre los libros para que te diplomen. Basta que sepas algunas respuestas, aun cuando ignores todas las preguntas.

Espero que no me malentiendas, lector. Todos sabemos saberes ajenos, un oficio, una ciencia, cada quien es diestro en una cosa. Pero si el carpintero no es la madera, si el albañil no es la argamasa ni el abogado es el derecho, ¿por qué el diplomado había de ser filósofo?

No es un galimatías. La madera no es la carpintería, el derecho no es la abogacía, pero el filósofo es la filosofía. O digámoslo así: la filosofía sobrevuela todos los saberes porque es un no-saber, una actitud que viene de la ignorancia y culmina en la ignorancia. Es un afán, un camino que no se puede trazar porque requiere del caminante cierta inocencia, cierta humildad de la que carece el diplomado. La filosofía es un no-saber, salvo que, como lo predicó Sócrates, el filósofo sabe que no sabe.

Por eso no encontrarás al filósofo entre los enterados. Lo encontrarás por ahí, recorriendo la vida e inquiriendo sin cesar sobre las cosas que otros tienen por sabidas. Como Platón que se resignó a la fantasmagoría de la caverna, como el obispo Berkeley que dijo que ser es ser percibido, como nuestro Borges que tomó un puñado de arena, lo dejó caer silenciosamente un poco más lejos, y dijo que estaba modificando el infinito Sahara.

Filosofar es arbitrar entre las muchas conjeturas que nos visitan. Y cuando el fuego de la caverna se apague, cuando la percepción se extinga, cuando el Sahara olvide el puñado de arena que mudó su sitio, ¿entonces qué…? preguntará el filósofo, mientras el otro, el que agasajó su sobaco con mil libros, buscará una sinrazón que disfrace su flaco entendimiento y colme la oquedad de su cabeza.

“Este tipo escribió sobre todas las cosas, este tipo fue un audaz”. Así me dijo un lector de contratapa mientras yo ojeaba un libro de enésima edición. Su autor era un inglés famoso, docto en filosofía y filósofo también, que escribió sobre los más variados asuntos. Su compromiso con la causa de la paz, su agudo pensamiento y su pluma dócil traspasaron los muros de las universidades y dieron con los lectores mundanales. Pero no pudieron eludir la amonestación post mortem de aquel ocasional ratón de librería.

Es que el filósofo es así, desdeña la especialidad para arrellanarse en el regazo de la totalidad, para indagar sobre la política, sobre las matemáticas, sobre el fin y el sinfín de las cosas. Y al cabo de mucho peregrinar y explorar te dice que no sabe. Él es el único humano que, aun cuando no juzga, es juzgado con severidad. Arriesga su crédito a cambio de nada y, sin apostar, puede perder el pellejo a manos de los necios. Fatiga su mollera porque ese es su sino, no porque el patrón lo quiere o porque Dios lo manda. Por eso, como el inglés, escribe y habla sobre las cosas que los otros callan.

El hombre docto en filosofía, en cambio, después de revisar los libros que otros escribieron y sin levantar sus asentaderas, te habla de las causas y de los efectos, del bien y del mal y quizá también del destino que merecerás después de tu partida. Y por si no bastara, te premia o te castiga. Coleccionista de ideas que otros pensaron, te vende ciencia y saber apretujados en gruesos manuales de segunda mano. Decidor de floripondios y escribidor de lecciones, es, cuando más, un memorioso profesor capaz de explicar las ideas de otros sin un error, sin una omisión. Pero si se pretende filósofo habrá que amonestarlo por empatarle a la estupidez.

La filosofía no es un sistema cerrado porque aún no ha encendido todas las luces. Más allá del mucho afán y de los ríos de tinta que se le han dispensado, nada es lo que se ha dicho todavía y nada es lo que se dirá de ahora en más. Y ese es su gran atributo, ser un campo fértil que por mucho que se siembre y se siegue no conoce el rastrojo ni la erosión del pensamiento. Es la esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, como alguien dijo de Dios.

Por eso el filósofo puede hablarte de la política, de la muerte, de la naturaleza. Por eso lo verás escribiendo sobre tantas cosas, sobre el arte de curar los males, sobre la guerra, sobre las virtudes del gobernante. Ese mirar, entre brutal y compasivo, es propio del filósofo, no del que fue titulado en filosofía. Es un talento que adquirió a trueque de cierto renunciamiento, como el de Heráclito. O como el de Sócrates, que pagó con su vida el derecho de amonestar a los atenienses. O el de Giordano Bruno, que prefirió la hoguera a la obediencia ciega (al ser condenado le dijo a sus jueces: "Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla"). Ellos fueron inocentes para su conciencia, aunque -¡ay!- no para sus jueces, entre quienes había, precisamente, doctores de la filosofía.


Eduardo Dermardirossian
http://cultural.argenpress.info/2009/06/filosofos-lo-que-se-dice-filosofos-eran.html

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El Producto de la Bestia Interior: La delincuencia, la cultura de la impunidad y los valores contemporáneos

Jorge Majfud

Redefinir

Uno de los mejores americanos fue un inglés. El mayor incendiario, independentista, anarquista, promotor de la desobediencia civil y defensor de los derechos de igualdad y libertad de pensamiento fue un hijo del mayor imperio del momento. Su librito más importante, Common Sense (1776), fue la llama que prendió el hilo de pólvora, por entonces inerte en la mente de la mayoría de los americanos y hasta del mismo George Washington. La primera idea que inicia El sentido común de Thomas Paine, no sin paradoja, afirma que la costumbre de pensar correctamente da la superficial idea de estar en lo cierto, lo que garantiza la feroz defensa de una costumbre.

En nuestros tiempos, uno de esos lugares comunes es, por ejemplo, repetir y sostener que los criminales son “inadaptados sociales”. Lo que de paso sirve para calmar la conciencia del resto de la sociedad que no anda por ahí matando por un kilo de basura. Pero si vemos algo del bosque, hasta el peor asesino es un perfecto adaptado social. No lo son sus víctimas, en todo caso. No eran adaptados sociales ni Sócrates, ni Jesús ni el modesto verdulero que se puso a contar las magras ganancias del día sin atender al asesino que lo acuchilló.

Cuando repudiamos el horror de un crimen en el fondo repudiamos lo que somos como sociedad y nuestra impotencia es la negación de ese reconocimiento, ya que si pudiésemos matar al asesino de un amigo no lo haríamos y si lo hiciéramos no calmaríamos nuestro espíritu por ese acto de fuerza absoluta.

Gobiernos permisivos

En Europa y en Estados Unidos un creciente número de personas responsabiliza a la inmigración por el incremento de la violencia. Aunque podemos pensar que la ilegalidad, la falta de goce de derechos civiles y la desesperación pueden llevar fácilmente a un individuo a la delincuencia, aún así parece que los ilegales se abstienen más del crimen que los ciudadanos. Como los estudios más serios demuestran con números que las olas inmigratorias no son las causas del incremento de la criminalidad sino que en muchos contextos tienen un efecto contrario, se argumenta que si no es la cantidad por lo menos es la calidad de los nuevos crímenes. Es posible que los medios de difusión jueguen un factor en la percepción de un horror antiguo, pero podemos aceptar que la violencia ha llegado o se mantiene en niveles intolerables para una sensibilidad civilizada —dejemos de lado que estos crímenes también son un fenómeno de la ciudad, de la civilización.

En América latina, como no se les puede echar la culpa a los antiguos inmigrantes, se le echa la culpa a la permisividad de los gobiernos. Así surge la tentación fácil de reclamar el regreso de las viejas dictaduras o, por lo menos, de sus viejos métodos.
Primero, considerando que todos éstos son países republicanos, la acusación no tiene sustento. No son los gobiernos los que administran la justicia.

Segundo, no es casualidad que los reclamos de “mano dura” provengan siempre de sectores de la derecha política cuando hoy en día, rompiendo con una tradición centenaria, la mayoría de los gobiernos se declaran de izquierda.

Tercero, en mi país, Uruguay, y en muchos otros, esta acusación además es paradójica. Quienes cometieron crímenes en masa, violaciones al por mayor, han obtenido grandes descuentos cuando no el perdón oficial y, en algún período de la reciente historia, el perdón de la mayoría del electorado. Entonces ¿cómo los políticos que durante décadas construyeron un discurso ideológico de impunidad y de olvido ante los mayores crímenes contra la humanidad pueden hablar ahora de “gobiernos permisivos”? ¿Por qué habría un país de usar mano dura con un asesino que mata a un inocente y promover el megaolvido y el megaperdón de una cofradía de asesinos que secuestra, tortura, viola y asesina a cientos y a miles? ¿Cómo pueden estos mismos discursantes de la moral pública levantar las cejas de asombro ante olas de delincuentes, como si esta verdadera “adaptación social” hubiese sido aprendida en cuatro cursos acelerados de Perversión Civil?

Síntomas de una civilización enferma

Hay, sin embargo, un factor central que no depende de los políticos criollos de turno, sean de derecha o de izquierda. Tampoco vamos a pensar que nuestros caminales, sean reos o sean ex presidentes, son los responsables del rumbo de toda una civilización. También ellos son colaboradores, quizás involuntarios, de un sistema que, si no supera el tamaño de sus egos, al menos sí supera el alcance de sus poderes reales.

También son ellos y somos nosotros hijos de una cultura y de una civilización. La civilización del músculo, del proselitismo y de la conquista; la cultura del materialismo y de la más reciente fiebre del consumismo como síntoma de éxito.

¿Por qué se llaman “países emergentes” a Rusia, China e India? Su “éxito” radica en parecerse algo más a Estados Unidos al tiempo de presentarse como “algo distinto”. Con demasiado anticipo celebran el fin del imperialismo americano mientras cada uno de ellos deja la vida por convertirse en nuevos imperios capitalistas. Copian defectos ajenos mientras conservan los propios. El éxito de estos países “tan distintos” se mide y se define en las bolsas de las capitales financieras, en el gasto interno, en el consumo de combustible, en el número de nuevos millonarios, en la construcción de nuevos centros comerciales con sus Halloween, sus barbies rubias de ojos rasgados. El objetivo es el éxito y éste se mide con los mismos valores que ya fueron definidos e impuestos por Estados Unidos.

El especulador de Wall Street, el traficante de drogas y el ladrón de gallinas persiguen lo mismo, porque sus valores son esencialmente los mismos: el éxito económico, con o sin el éxito del prójimo, con o sin el imperio del la ley. (El exceso de testosterona provoca mayor placer en la derrota del rival que en la victoria propia.) La diferencia radica en que unos ejercen el peso de la ley, no porque son buenos sino porque les conviene. Cuando la ley deja de convenirles surgen los Bernard Madoff con sus calculadas megaetafas. ¿Cuántos miles, sino millones de víctimas dejan estos criminales? Sin duda muchas más que un horrible asesino que descarga toda la basura de su subcultura en una pobre víctima individual. Y el horror se ve con la sangre, no con los hambreados del despido ni con los muertos anónimos bajo las bombas de los intereses corporativos.

Quizás los criminales comunes sean la forma en que una sociedad expurga sus propios pecados. Quien roba, asesina, viola, trafica con drogas es un perfecto adaptado social. Adaptado a los valores básicos de nuestras sociedades contemporáneas, fundadas en la competencia, la avaricia y la desesperación por el éxito individual. Unos ejercitamos ese vicio a través del arte, de las ciencias. Otros a través de las intrigas públicas, en caso de un político, o de las intrigas domésticas, en caso de un pobre diablo. Otros son más directos y asaltan, roban y matan. Esos criminales representan los valores más profundos de nuestras sociedades pero carecen del arte y de la educación de los buenos jugadores que triunfan porque respetan las reglas del juego. Sin importar si se trata de un juego de damas o de la ruleta rusa o de Abu Ghraib.

En esta cadena de violencias todas son parte de un mismo mecanismo. Un pequeño engranaje parece girar en sentido opuesto a un engranaje mayor, pero éste se mueve por aquel y aquel para éste.

Nadie puede cambiar por sí solo el rumbo de la civilización. Ella nos crea. Pocos pueden cambiar el destino de millones de personas que sufren o se benefician de sus decisiones. Casi todos podemos hacer algo por cambiar nuestro entorno más inmediato. Todos, sin duda, podemos hacer mucho por cambiarnos a nosotros mismos. El único problema es que casi nunca queremos. Estamos demasiado enamorados de nuestros defectos y preferimos hablar de los defectos ajenos.


Jorge Majfud es uruguayo residente en Estados Unidos.
http://cultural.argenpress.info/2009/06/el-producto-de-la-bestia-interior-la.html

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Cristo no es parlamentario

Rafael Fernando Navarro

España es un estado de derecho que hunde sus raíces en tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. A su vez, este trípode alimenta y fecunda la democracia mediante la sabia creadora de la palabra. En ningún caso este estado democrático está asentado sobre la Iglesia. No está reconocida como poder vivificante del estilo que hemos elegido como sociedad.

Muchos todavía recordamos a Mons. Guerra Campos sentado en las cortes franquistas, ocupando un escaño en nombre de una Iglesia cómplice de la dictadura que nos aplastó durante cuarenta años. Y recordamos a Mons. Cantero Cuadrado, cabeza visible del Consejo de regencia. Eran otros tiempos. Dios andaba mezclado con charreteras militares y bandas que cruzaban la pechera blanca, porque también él había sido designado diputado en cortes por el general-generalísimo por la gracia de Dios.

Llegó la democracia. Las primeras elecciones. Cristo no se presentó y ni siquiera figuró entre los diputados de designación real. La Constitución proclamó la llegada de un estado aconfesional. ¿Se retiró Dios de la política? Dios tal vez sí. Pero la Iglesia nunca renunció al poderío conseguido por su aportación a la cruzada de liberación.

La Jerarquía inició una vida de añoranza. No sobrellevó dignamente la viudedad enlutada de la Plaza de Oriente. Empujó, también ella, a Tarancón al paredón. Ha permanecido en estos treinta y tantos años echando de menos el calor de la primacía, el dominio de las conciencias, el dogmatismo de una moral convertida en obligación política, confundiendo las decisiones de un hemiciclo democráticamente elegido con los supuestos designios de Dios impuestos a golpe de báculo, trazando los derroteros del comportamiento humano, identificando el derecho canónico con decisiones legisladas desde la libertad conquistada.

Monseñor Martínez Camino, en nombre de la Conferencia Episcopal, ha comparecido para hablar sobre el proyecto de ley de interrupción del embarazo. Los Obispos, lo he repetido a lo largo de muchos artículos, tienen derecho a expresar su opinión. Pero me repugna el tono de superioridad insolente, el estilo prepotente, los términos empleados (crimen, abismo criminal). Todo es repulsa agriada, condena absoluta, desprecio, amenaza. Suena a crujido del látigo. Excomunión, pecado gravísimo, devaluación del ser humano, negación de derechos. “Abortar no es curar, es matar” “Reconocer esa posibilidad legal es reconocer el derecho a matar”

Una sociedad como la española no tiene ninguna obligación de soportar tanto desprecio, tanta deslegitimación, ni está dispuesta a poner la otra mejilla ante las bofetadas episcopales.

A Vicente Ferrer, muerto en la mañana en que escribo, se le apartó de su vocación jesuítica porque sus metas eran “sospechosas” Se condena a Manuel Torres Queiruga, a Häring, a Rhaner, a Congar, a los teólogos de la liberación, a Pedro Casaldáliga. A tantos y tantos en esta moderna, disimulada, imperceptible inquisición. Se confunde hipócritamente compromiso con marxismo. Se impone la resignación a los pobres. Se llenan los estómagos vacíos con bienaventuranzas deformadas. La felicidad de los miserables, de los que lloran, de los perseguidos se aplaza para otra vida. En ésta rige el derecho canónico, la riqueza y la comprensión hacia la opresión que ayuda a avanzar el mundo del dinero.

Pecado y delito. Felicidad y dolor. Dictadura y libertad. Sólo nos queda apostar por la alegría sin espadas ni cruces, resucitados para siempre, a hombros de la luz y la esperanza.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com

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jueves, 18 de junio de 2009

Cosmovisión Indígena

Sergio Ferrari

A pocos kilómetros de San Jaime, en el mismo municipio de Los Palmitos – todo en el departamento de Sucre- existe una amplia reserva indígena de más de 80 mil hectáreas.

Cuatrocientos doce de esas familias que habitan en el resguardo, crearon hace ya hace algunos años la Asociación de Productores Indígenas de San Antonio de Palmito (ASPROINPAL), la que recibe apoyo técnico-financiero de Swissaid.

“El problema fundamental es la tierra. Contamos apenas con 800 hectáreas a disposición lo que es muy poco”, enfatiza Ubadel Pérez, uno de los responsables de la asociación.

Y en relación directa a la producción rural limitada, “lo que tenemos como financiamiento no nos alcanza. Somos mucha gente para pocos recursos lo que nos obliga a apoyar un año a un grupo de asociados y el siguiente a otro”.

Sin embargo, la organización misma, “ha producido ya resultados muy positivos. Muchos de los socios han mejorado su cualidad de vida especialmente a partir de la existencia de fondos rotativos, lo que permite, también una diversificación de la alimentación básica, con numerosos productos distintos, naturales”, explica.

Si el desafío de un desarrollo de la comunidad es ya enorme, “la propia realidad de conflicto que flota en la región pesa mucho. Los distintos actores armados trataron de meterse varias veces a nuestra asociación. Incluso hubo agresiones contra algunos miembros. Amenazas de muerte y algunos de nuestros miembros se desplazaron a partir de esa tensión. Grupos paramilitares que se volvieron a rearmar con otros nombres luego de la supuesta desmilitarización”, señala Pérez.

Sin embargo, según el joven dirigente indígena, “son el Estado y su política neo-liberal los principales factores que agreden a las comunidades”. “Exige más productividad, obligan a entrar en cadenas de comercialización, todo eso a pesar que nosotros promovemos una lógica coherente de autoconsumo. Y que debemos hacer frente a un clima muy rudo, con una larga estación seca –con límites en nuestras reservas de agua-, que no permite cultivar todo el año”.

“El neoliberalismo tiende a expropiar nuestras tierras; privatizar los escasos yacimientos de agua; deforestar los bosques. Esas son muchas de las leyes que trata de impulsar el Gobierno. Toda su concepción es ilógica. Debemos impulsar una política más democrática y participativa. Y una visión nacional, ya que Colombia es una real potencia en cuanto a la biodiversidad, con acceso a dos océanos, con montañas, con abundantes recursos naturales. Somos un país muy rico. Desafortunadamente la política del Estado no piensa en nuestro beneficio”, enfatiza.

La cosmovisión comunitaria, propia de sus raíces indígenas, refuerza el diagnóstico del país y le refuerza en avanzar pistas de prioridades nacionales.

“Uno de los problemas principales es la participación. Lo primero que deberíamos trabajar es la paz. Luego, el tema del medio ambiente. Y de inmediato reflexionar y actuar para resolver el hambre y la alimentación suficiente, que no es sólo un problema de Colombia sino a nivel mundial. Pero, insisto, el diálogo y la participación, la construcción de la paz, son condiciones de base para todo lo otro”, enfatiza.

Y su conclusión se desencadena naturalmente. “No hay espacio para la solución de los problemas sociales y de la gente con la violencia. Con la violencia surgirá más conflicto y masacres. El principal reto es la solución política negociada. Los actores armados necesitan diálogo y empleo. Hay mucha gente, especialmente jóvenes, sin trabajo...Y encuentran en el conflicto una forma de sobrevivir...”, concluye. + (PE)


Sergio Ferrari
Referencia. Ver “Colombia. Reforzar la organización desde abajo” PreNot 8218 del 090618
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=3799

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Un mundo a la derecha

Edgar Borges

A nadie debería asombrar que la derecha haya ganado las elecciones del Parlamento Europeo; sería ingenuo que alguien se escandalizara por las últimas ocurrencias privadamente públicas de Silvio Berlusconi. Eso (y más hacia la derecha) es lo que quiere buena parte del planeta. El mundo que tenemos (y, por ahora, no hay más) vive a la derecha de la vida. Así de simple, que nadie se espante.

Es posible que la mayoría de las personas se dividan en dos grandes (hay más) grupos de pensamientos. El mayoritario acepta el mundo como es: le gusta lo disfruta, lo goza, se resbala en el mar del cinismo; por su parte, el minoritario sobrevive estrellándose una y otra vez (y de nuevo) contra esta cosa llamada vida que no le agrada. Este escrito no va dirigido a los primeros, porque sé que a ellos les causa alergia todo lo que huela a pesimismo. Por ello me dirijo a los seres humanos de la acera de enfrente, la del fracaso, la de los perdedores. Y, entre ellos, me incluyo como si este texto fuese una confesión frente al espejo, ya que para nosotros los sacerdotes no son muy necesarios.

Amigos de la izquierda del mundo: ¿Qué nos ocurre? ¿En qué momento de la carrera nos quedamos dormidos? ¿Qué carajo nos pasa que ya no servimos ni para tirar piedras? ¿Es que aún no hemos despertado de la caída del muro de Berlín? ¿Es que acaso el mundo, de pronto, se convirtió en un lugar digno para la vida? Cuando me hago estas (y muchas otras) preguntas pienso que nadie lo ha dicho mejor que José Saramago: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive. Los partidos de izquierda no han estado a la altura de la crisis mundial.” Y que nadie ponga en duda la condición irrenunciable que el escritor portugués tiene con el comunismo. Saramago es el viejo rebelde que a mi algún día me gustaría ser. Es el niño eterno que no se cansa de recordar los pantanos del sistema. Y del antisistema. Y es, por los profundos pantanos del sistema, que no comprendo el silencioso accionar de la izquierda. Parece que efectivamente nos quedamos dormidos en algún lugar de la carrera. Y el capitalismo siguió creciendo, ya ni siquiera habla de derecha y de izquierdas, sino que se da el lujo de adoctrinar a las personas (a los individuos que acompañan nuestra vida) con una existencia invisiblemente consumista, y egoísta, y primitiva. No hay duda: cada día somos menos humanos y desde la izquierda no se está haciendo nada para evitar este acelerado deterioro. ¿Acaso no es a la izquierda, por su condición progresista, a quien corresponde impulsar un nuevo modelo de convivencia?

Sospecho que hay dos (y muchos otros) tipos de izquierda. La pasiva, la que ni siquiera se ha dado cuenta de que ya el librito de los dogmas no nos sirve para cambiar el mundo, y la oportunista, la que se alimenta de ser la pieza ridícula del sistema. Pienso que es urgente y necesario el surgimiento de una tercera fórmula de izquierda, la que debe atender el llamado de este tiempo, la que ni siquiera aterrice en el siglo XX (a donde aún no ha llegado) sino que empiece desde este instante presente, con el fino y estratégico empeño de ofrecer un nuevo proyecto de mundo. He ahí un gran problema: buena parte de los grupos políticos de izquierda (en el mundo) se dedican, en los distintos parlamentos, a debatir, con la derecha, cómo “mejoramos el sistema”. Eso es absurdo, eso es cuando menos ingenuo por no decir tramposo. ¿Cuándo carajo va la derecha a cambiar el mundo que parieron? ¿Quieren acaso los padres cambiar al hijo que engendraron por decisión propia? La única alternativa posible de esa fórmula de izquierda sería reinventar el presente y ofrecer un modelo opcional, desde la otra acera, desde otra realidad pragmáticamente tangible pero humana.

Lo más asombroso de este momento histórico es que, mientras reposa la izquierda, los ciudadanos de la calle del mundo se sienten molestos, incómodos, insatisfechos. Basta con observar las distintas realidades sociales: los pueblos están inconformes, ya nadie se deja engañar por lo que dicen ni los grandes medios de información ni los políticos convencionales. Me atrevería a asegurar que son pocos los que creen en las trampas del sistema, casi todos sospechan de la banca, de las gripes fantasmas y del cinismo del poder global. Sin embargo, no existe una fuerza visible que encause el disgusto ciudadano. ¿Será que con el tiempo la izquierda se convirtió en piedra?

Es cierto que el siglo XXI se inauguró con una nueva izquierda en América Latina. Pero, por ahora, habrá que esperar a ver si esa forma de izquierda le ofrece al mundo un modelo de convivencia distinto al capitalista. Me parece complejo que Europa y Estados Unidos atiendan las opciones de América Latina, cuando aún existen demasiados prejuicios sobre las actitudes (y aptitudes) de los latinoamericanos. No obstante, debemos seguir explorando los caminos regionales sin ninguna clase de complejos.

Ya sé que el debate no existe, la derecha nos ha hecho creer que hemos arribado al único sistema posible de felicidad. Ya sé que cuando todos terminen de leer este artículo cerraran los ojos y sonreirán ante el espejismo de dicha capitalista. Ya sé que, por ahora, el mundo camina hacia la derecha. Amén mister sacerdote.


Edgar Borges, es venezolano residente en España.
http://cultural.argenpress.info/2009/06/un-mundo-la-derecha.html

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Argentina: La Iglesia guarda sugestivo silencio ante la pedofilia

Irina Santesteban

Se está realizando en Roma el Congreso "Religiosas en red contra el tráfico de seres humanos", un encuentro organizado por la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Según la OIM, doce millones y medio de personas, entre mujeres y niños, son víctimas todos los años de la prostitución en el mundo. Frente a este fenómeno, religiosas de Europa organizaron un congreso en el que denuncian la complicidad y la participación de los cristianos en el llamado "oficio más antiguo del mundo".

La monja salesiana Bernadette Sangma, quien presentó el Congreso ante el Vaticano, expresó que "la lógica de mercado nos dice que no existe oferta sin demanda y, por desgracia, notamos con pena que una gran parte de la demanda proviene de maridos y padres de familia que se presentan como cristianos practicantes".

Por su parte, Eusebio Hernández Sol, director de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, expresó que "la trata de personas es un crimen y que representa una grave ofensa contra la dignidad de la persona y una seria violación de los derechos humanos. El comercio de seres humanos constituye un ultraje a la dignidad humana".

El Congreso, que se extenderá hasta el 18 de junio, pretende organizar y fortalecer las diferentes congregaciones religiosas femeninas que trabajan con mujeres víctimas de la trata de personas y que caen en las redes de prostitución.

La "culpa" de ser mujer

Es saludable que una parte de la Iglesia Católica denuncie y se proponga luchar contra la trata de personas, un negocio ilícito que mueve miles de millones de dólares anuales, ubicándose en tercer lugar después del tráfico de drogas y de armas. Y es también paradójico que quienes denuncien este flagelo sean las mujeres religiosas, tradicionalmente segregadas dentro de la jerarquía eclesiástica, al punto que no pueden ser sacerdotisas, ni oficiar misa, ni menos aún, aspirar al Papado.

Según la fe católica, desde el origen mismo de la creación, fue una mujer -Eva- la culpable del pecado que todos los seres humanos llevan a cuestas. Más tarde, en el medioevo, aquellas mujeres que osaban salirse de los rígidos mandatos de la doctrina eran acusadas de brujería y terminaban quemadas vivas en la hoguera. Los varones, por el contrario, mantuvieron y mantienen una posición predominante en la estructura eclesial. A tal punto que, a la hora de juzgar la conducta de sus miembros, la Iglesia Católica demuestra una tolerancia muy grande hacia los varones. Por ejemplo, en el caso de los curas pedófilos, una realidad que inunda de denuncias a la Iglesia en distintos países, la actitud ha sido negar o silenciar los abusos cometidos por los sacerdotes. Es que para la jerarquía eclesiástica es mucho más grave el aborto, aún en los casos del llamado "aborto terapéutico", que la pedofilia.

La condena a cualquier tipo de interrupción del embarazo, aún cuando corra peligro la vida de la madre, recae directamente sobre la mujer, y la de los sectores más pobres, que son las que están expuestas a ser descubiertas. La Iglesia distrae tiempo y dinero en campañas contra el aborto, bajo la mentirosa consigna de "defender la vida". Sin embargo, frente a los sacerdotes abusadores, mantiene un piadoso silencio.

Grassi y Romina

Tal ha sido la actitud de la Iglesia Católica argentina en el caso del cura Julio César Grassi, quien fuera condenado a 15 años de prisión por el abuso sexual contra un joven que se encontraba bajo su directo cuidado. A pesar de la condena, Grassi seguirá libre porque, a criterio de los jueces, no hay peligro ni de reincidencia ni de fuga.

Otro criterio muy diferente tuvieron los jueces jujeños que condenaron a Romina Tejerina a 14 años de prisión por haber matado a su beba recién nacida, fruto de una violación. La joven, de sólo 19 años al momento del hecho, cumple prisión desde febrero de 2003 y tiene serias dificultades para continuar su carrera universitaria -estudia abogacía- porque no le conceden los permisos que solicita para rendir exámenes o asistir a clases.

Romina cometió "infanticidio", un crimen que está contemplado en todos los códigos penales del mundo como forma atenuada, por las especiales características que reviste, al ser cometido en condiciones de shock para una mujer que ha afrontado un embarazo no deseado, o que ha sido víctima de una violación. Sin embargo, Romina ha sido duramente juzgada por gran parte de la feligresía católica y su juicio fue escenario de fuertes enfrentamientos entre quienes la defendían y los que la condenaban.

El caso de la joven jujeña fue tomado como bandera por los movimientos de mujeres, y a la vez su caso fue demonizado por los sectores más recalcitrantes de la Iglesia Católica.

De eso no se habla

Apenas conocida la sentencia contra el cura Grassi, frente al silencio de la Iglesia, la Agencia de Información Católica Argentina (AICA), justificó tal actitud diciendo que "no suele emitir juicio ni comentario algunos sobre la actuación de la justicia civil en casos en los que están involucrados miembros del clero", para afirmar que siempre acata el veredicto de los jueces "que es pareja para todos los ciudadanos".

No es ésa la impresión que tienen la mayoría de los ciudadanos argentinos, que ven con asombro cómo un sacerdote, acusado de un delito aberrante cual es el abuso sexual de un joven que se encontraba bajo su cuidado, es condenado a 15 años, cuando el fiscal del caso había solicitado 30 años de prisión, y lo que es más grave, queda libre porque los jueces no consideran posible que reincida ni que se fugue.

No debe haber en la jurisprudencia argentina muchos antecedentes de una decisión de tal naturaleza. Sería bueno que los defensores del endurecimiento de las penas y la mano dura contra los delincuentes, se pronunciaran frente a este hecho que viene a confirmar aquello de que los delincuentes "entran por una puerta y salen por la otra".

Contrastando con la dureza de la sentencia del caso Romina, la del cura Grassi no sólo fue benigna sino que además es contradictoria. Por un lado se le prohibe expresamente estar en contacto con menores de edad, en lugares privados o a solas, pero en cambio sí se le permite concurrir a la Fundación, acompañado por la persona que él designe.

Grassi eligió como acompañante a Raúl Portal, quien se ha declarado "hermano" del cura e hizo declaraciones impropias respecto al fallo ("le ganamos dos a uno", "sólo se demostraron dos hechos, en lugar de diecisiete"), tal como si se tratara de una competencia deportiva y no un juicio por abuso de menores.


Irina Santesteban
http://www.argenpress.info/2009/06/argentina-la-iglesia-guarda-sugestivo.html

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España: Una izquierda de derechas

Jaime Richart

Me refiero a la izquierda ahora en el poder en España y a la que espera en los países europeos donde ahora domina la derecha. Diversos politólogos e intelectuales europeos han analizado el fracaso de la socialdemocracia en Europa, y todos coinciden en que la socialdemocracia europea copia a la derecha y por eso los electores prefieren el original.

Desde luego en España lo que llamamos izquierda no es más que una derecha social que sólo al lado de los bocazas y los fascistas puede parecer izquierda. La socialdemocracia, que es una destilación del socialismo mutada a socioliberalismo, en la praxis y en su lenguaje sigue las mismas pautas que la derecha por más que ponga contrapuntos a la música. Al final, en el cómputo general, ambas son la misma cosa. Pues la izquierda en el poder compite con la derecha y con sus mismas claves; “consumismo” y “crecimiento” son los dos referentes de una y otra. Sus valoraciones se hacen desde ambos conceptos. Véase cómo tiran constantemente los candidatos y sus portavoces de los mismos gráficos, aunque varíen para unos y otros las cantidades y los porcentajes. Mil comen, diez no comen. Pero qué más da… En este agravio comparativo ambas, derechas e izquierdas, coinciden en la indiferencia. Lo que quiere decir que ambos hablan el mismo lenguaje, el “políticamente correcto”. Y por eso los unos y los otros se acusan de “incumplimientos” y de “ineficacia”. Para ambos la eficacia es un concepto unívoco medido en cifras. Para ambos el amor está en el mismo sitio: hace mucho que para la izquierda dejó de estar también en el corazón.

Por ello esa "izquierda" en funciones sólo tiene una posibilidad de sobrevivirse a sí misma en el escenario de la democracia capitalista. Si sus líderes, en el lenguaje políticamente correcto o rompiendo con él (esta es otra de las cuestiones aún pendiente: ¿qué es lo políticamente correcto?) dijeran: “mirad, nosotros estamos resueltos a hacer muchas cosas, trabajamos para la igualdad, estamos dispuestos a extirpar la pobreza del mundo y la marginalidad en nuestra cercanía, pero los poderes fácticos no nos lo permiten”; “estamos maniatados por la realpolitk, por el poder económico, por la mayoría de los medios, por el clero, por la industria automovilística y la industria en general, por la banca, por los Laboratorios farmacéuticos, por los militares, por las fábricas de armas, por el gran empresariado del país y por la multinacionales del globo. Si nos ayudáis a librarnos de las argollas que nos paralizan, les venceremos entre todos.”

Si fuesen capaces de decir algo así, otro gallo cantaría en Europa. Ya se vería cómo rápidamente se movilizarían los altísimos porcentajes de abstención habituales, y la izquierda verdadera ganaba abrumadoramente.

Pero como eso no lo dicen ni lo van a decir, ni lo hacen ni lo van a hacer, primero por soberbia, porque se niegan a reconocer que imitan a la derecha, y segundo porque un giro hipotético de esa clase sólo se puede concebir en un líder muy carismático de la izquierda real que en Europa, y menos en España, no hay; un líder que combine la firmeza y la rebeldía precisas para dar un golpe de timón sin ser acusado de “populista”… pues no hay nada qué hacer. Todo seguirá igual hasta que la izquierda desaparezca engullida por la alternancia o atrofiada por la derecha extrema.

A las pruebas me remito: Chávez en Venezuela. Ahí tenéis a un político que rompió con lo politicamente correcto de Allende que ya se vio a dónde le llevó. Chávez ha roto con lo "políticamente correcto". Por eso es populista. Ahí tenéis a Ahmadineyad en Irán, otro “políticamente incorrecto” porque por nuestros andurriales dicen que lo es. Medios y políticos, incluso de supuesta izquierda, les atacan constantemente, les llaman manipuladores, usurpadores…

En cuanto los poderes mediáticos, los de hecho y los institucionales, deciden que un líder de izquierdas -de la izquierda real, claro está- no vale, ya puede prepararse. No hay ningún medio o periodista oficialista que no prefiera a Musaví, el líder de la oposición en Irán y pupilo de Estados Unidos, a Ahmadineyad, el que se resiste todo lo que puede para impedir que su país sea colonizado por el yanqui, como lo están ya las tres cuartas partes del mundo incluida Europa. Y es que por aquí y por allá la realidad es que, aunque se pasen la vida quejándose, los medios y la mayoría no ya de derechas sino también de la izquierda en el poder, no quiere más que más de lo mismo: ficción y farsa, más farsa y más ficción; que unos sean los malos, carteristas pero simpáticos, y los otros los buenos, templados pero tontos.

Así podemos pasarnos otros treinta años más. En Europa el perfil de los protagonistas y el del electorado es más difuso, pero en España los espectadores son exclusivamente de dos tipos: unos jalean y otros abuchean. La mayoría, el 46,06%, se queda fuera. Ni siquiera se acomoda en el gallinero. No vota. Y es que en el fondo a todos los que van al espectáculo, les excita la pamema "nacional".

De ahí que los intelectuales europeos hablen de imitación. Y de ahí que la socialdemocracia no hable de igualitarismo como eje de su politica y de su acción, sino, como antes dije, de crecimiento y de consumo: los dos pilares del tinglado capitalista. ¿Qué distingue, pues, ya, a la izquierda europea de la derecha? Nada. Si acaso moderación en el lenguaje y menos cinismo. Si nos ceñimos a España, no hay más que oír a González, a Almunia, a Leguina, a Solbes, después de haber escuchado a Zapatero y a los portavoces de su partido.

Un sistema, como el demoliberal, que sólo funciona en tanto fabrica y vende artefactos y lujo, pero deja al margen a buena parte de la población mundial salvo para encasquetarle lo que no le sirve, no sólo es un sistema injusto a cuyo frente sólo medran los necios cargados de una violencia moral equivalente a mil bombas atómicas en espera de explosionar, es que es un sistema que, aunque silenciosamente, en formato de abstención, fracasa y sólo cuenta con la aprobación de los privilegiados que son grandes minorías..

Las estadísticas a menudo son insensibles y difíciles de entender para la mayoría de los que vivimos una vida privilegiada en los mundos desarrollados del Norte. Consideremos, por ejemplo, el hecho de que las 356 personas más ricas del mundo disfrutan de una riqueza colectiva que excede a la renta anual del 40% de la humanidad. Mientras hablamos con entusiasmo de la globalización, del comercio electrónico y de la revolución de las telecomunicaciones, el 60% de las personas del mundo no ha hecho nunca una sola llamada telefónica y una tercera parte de la humanidad no tiene electricidad. En esta nueva era, en la que hay más y más conexiones económicas globales, cerca de 1.000 millones de personas permanecen sin empleo o subempleadas, 850 millones de personas están desnutridas y cientos de millones de personas carecen de agua potable adecuada, o de combustible suficiente para calentar sus hogares. La mitad de la población del mundo está completamente excluida de la economía formal, obligada a trabajar en la economía extraoficial del trueque y la subsistencia. Otros consiguen llegar a fin de mes en el mercado negro o con el crimen organizado.

Un sistema semejante y miserable como éste, compuesto de derechas sin tapujos e izquierdas que remolonean para no acabar en derechas pero que al final sucumben… un sistema que permite todo eso y además combate cualquier otro que intente hacerle frente, sólo puede sostenerse por culpa de la debilidad y de la ausencia de organización de los desposeídos y de los que estamos con ellos. Y tanto la izquierda europea como la española, con el tópico de que el comunismo ha fracasado, no hace más que fortificar los muros del capitalismo, del fascismo y del neoliberalismo de que nos ha rodeado la derecha en España y en Europa desde siempre...


Jaime Richart
http://www.argenpress.info/2009/06/espana-una-izquierda-de-derechas.html

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Se nos cayó la ética

Pepcastelló

¿Se nos cayó, o fue que nos la echaron por la ventana quienes manejan el mundo?

Cuando estos días entramos a comentar las votaciones europeas, una de las conclusiones más compartidas es que a la población del viejo continente se le cayó la ética; que votó con las tripas en vez de hacerlo con la cabeza, algo alarmante que no debiera esperarse en los tiempos que corremos, tanto por el nivel de instrucción básica alcanzado por la mayoría de la población como porque tenemos información suficiente para saber cuales pueden ser las consecuencias de las decisiones que tomemos. Y no obstante ahí está ese voto a la irreflexión, la intolerancia y a la continuidad de este sistema capitalista que no solamente mata de hambre y enfermedades a una buena parte de la población mundial, sino que está asfixiando a la totalidad del planeta y esparciendo por él tal cantidad de virus que posiblemente dentro de muy poco ni estos ni los muertos de hambre van a poder ser parados por las fronteras.

No deja de ser curioso que justamente a este viejo mundo que exportó la civilización cristiana al resto del planeta sea a quien se le haya venido abajo la ética en su diario quehacer. ¿Será talvez porque el cristianismo que exportó carecía de ella y sólo era institucional, ritualista, cultista, sin hondura humana, sin el espíritu que se supone invistió a quienes siguieron a Jesús de Nazaret más o menos de cerca? Pues si así fuere, y motivos hay más que sobrados para pensarlo, de lejos nos vendría la desgracia, porque ese cristianismo imperialista arranca del siglo tercero, cuando algunas comunidades cristianas decidieron ponerse bajo el amparo del poder, lo cual representó una clara renuncia al espíritu profético y revolucionario que las animaba.

Pero sin hacer cábalas que nos lleven a un pasado discutible por lejano, veamos que está ocurriendo en nuestro entorno. Veamos si es verdad que se nos cayó la ética o si lo que ha ocurrido es que nos la echaron por la ventana quienes manejan el mundo porque una masa sin principios humanos les es más provechosa que una población de personas sensatas.

Desde la segunda mitad del siglo pasado, finalizada la guerra, el “american way of life” ha bombardeado al mundo occidental mediante todos los recursos publicitarios que ha tenido a su alcance. EEUU, esa gran nación formada por invasores genocidas provenientes del viejo continente, no ha parado de dar lecciones de vida al mundo civilizado hasta imponer su modo de pensar y hacer en todos los rincones del planeta con posibilidades inmediatas o potenciales de consumir. El deseo de adquirir y poseer ha sido exacerbado continuamente por la publicidad y las nuevas formas de negocio que al amparo de esa forma de vida han ido surgiendo.

En ese permanente discurso ideológico, no se ha parado ni un solo instante de hablar de ética y de derechos humanos, sólo que del modo más falaz que cabe imaginar y como recurso para atrapar a las sociedades que todavía no estaban bajo el control de ese colonialismo económico y mental. Las Iglesias cristianas le han seguido el juego a ese desaforado discurso, haciéndolo compatible con las enseñanzas evangélicas mediante asombrosos malabarismos mentales y cómplices silencios. Los partidos políticos del mundo entero han entrado también en el juego de la falsa democracia, renunciando para ello a sus principios los que tuvieron su origen en la lucha por la dignidad humana. Algo parecido han hecho las organizaciones sindicales, más atentas a su propio beneficio que a sus obligaciones con la clase obrera. Y para acabarlo de embrollar, han surgido infinidad de ONG que al igual que una buena parte de los sindicatos, los partidos políticos y algunas iglesias hacen muchas de ellas de la solidaridad, la compasión y las buenas obras un provechoso negocio.

Entretanto, a lo largo de ese medio siglo, el pueblo ha ido alcanzando un nivel de confort que avala sin el menor reparo la forma de vida que se le ha impuesto. La reflexión y el pensamiento han desaparecido de la vida cotidiana, como no sea para ver el modo de conseguir un nivel de vida todavía más confortable. La ética y los valores humanos han sido manipuladas hasta el extremo por ese capitalismo colonizador y expansionista que está llegando a sus propios límites y que en sus estertores está dispuesto a llevarse por delante cuanto pille. No es de extrañar pues que sin hábito de reflexionar y con una mentalidad cada día más primitiva y cargada de deseos una buena parte de la población europea se comporte como auténticas bestias.

El futuro es imprevisible y no está en el ánimo de quien esto escribe hacer profecías, pero es a todas luces evidente que estamos destruyendo el planeta y con él a la humanidad entera. Cada vez nos quedan menos posibilidades de maniobra a quienes deseamos legar un mundo más humano a las próximas generaciones. El panorama no es esperanzador. Europa parece caminar sobre sus propios pasos: el fascismo resurge de la tumba en la que oficialmente yacía; la Iglesia Católica se enroca en su catolicismo confesional y cultista y restaura el lefebrismo; los discursos ideológicos de los gobernantes y de instituciones de gran influencia social miran también hacia atrás y ensalzan las formas tradicionales de familia, educación y relaciones sociales ignorando las causas de su evolución. Y así podríamos seguir largo y tendido.

No obstante, cabe pensar que si todo tiene un límite, también lo ha de tener la estulticia humana. No debemos desesperar de que entre tanta bestia haya suficiente número de personas con sentido común como para poner las cosas en su sitio y devolverle a la dignidad humana el lugar que le corresponde; de que entre la clase política haya quien se dé cuenta de que no se puede seguir con engaños y mentiras y propugnado una forma de vida que destroza el planeta y solamente favorece a las capas más ricas de la población; de que la población cristiana salga de su obcecación y se decida ya de una vez a pensar si lo que hace es vivir y transmitir la Buena Nueva o si está meciéndose en placenteras ensoñaciones; y de que quienes queremos que todo esto ocurra nos demos cuenta de que debemos empezar por hacerlo realidad en el día a día de nuestras propias vidas.

La ética no es una flor muerta y marchita como nos pueden hacer pensar los tristes acontecimientos que a diario constatamos, sino un brote constante de vida y esperanza en el alma humana. Solamente hace falta cultivarla debidamente para que crezca.


Pepcastelló

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Soñando sueños de trapo

Cuento de Eduardo Pérsico.

Mi viejo y tres amigos armaban la tipografía y en una antigua Minerva imprimían unos volantes a repartir lejos del barrio. Una tarde que entramos al taller con el mate y las medias lunas, los cuatro buscaban resumir que el enemigo nos llenaba a cada uno de egoísmo, un arma impiadosa con la solidaridad. Sin esquivar alguna broma, entre ellos llevaría su tiempo conjugar con brevedad la idea y al irnos mi madre les cuestionó el término enemigo, por estridente. Ella prefería que cada renglón fuera una voz de papel y no panfletos estilo ‘madrugada y fábrica sería lindo si nos explotaran menos’. Y menos en época de condecoradas arengas, advertencias a la población y aguas revueltas que exigían hablar en un murmullo.

Hincar los dientes sobre el hueso del tiempo puede ser un ejercicio que aterra y atrae a la vez, que dicho así suena a retórica sentenciosa pero es un modo de empezar. Más bien, mis primeros rastros parecieran diluidos en su índole, estribaciones de la memoria o cadencia condenada en sí misma; aunque podría ser la voz sin después de mi madre, furtivo rescate que se esfuma sin retorno o el cosquilleo que sorprendiera mi mano en la inicial caricia al lomo de un caballo. Aunque de aquel recuerdo dudo bastante por parecerme una desvaída rememoración recibida en la sangre; mis padres habitarían rumor de caballadas, chasquidos de rebenque, ecos de inundaciones suburbanas y silbos vigorosos de trasnochados compadres. Ellos venían de raíces que se iban licuando, inexorables, aunque aún defendían cada palabra de acercarse al resto de la gente. Y así mi viejo compartía con tres o cuatro ‘el tiempo superado es una sombra astuta como una desmemoria de sumergidas lluvias, una intuición apenas de ronda planetaria, cegadora de rostros borradora de nombres’.

Yo hubiese preferido que mi viejo no muriera en un hospital por una angina cualunque, pero y al fin de tanto repaso, entre mis primeros recuerdos brilla un tren allá abajo con sus ventanillas iluminadas en el corazón de una noche lluviosa y mis ojos reinventando aquella imagen tras la ventana de mi casa. ¿Y cómo era aquel rincón del mundo costeado por las vías, mi lugar cuando pibe sin vereda de enfrente? Un recuerdo difuso, pero en la escena brilla un tren chocante sobre sí al arrancar, y luego sus vagones serían veloces fotogramas a esfumarse cual un barco en enigmas de penumbra. Y esa escena cautivando mis ojos tendría un prisma diferente en el asombro, y alumbraría mejor ese muestrario fantasmal de seres infecundos, de rostros ausentes y doblemente solitarios en el silencio de voces humanas en los trenes de la madrugada. Cuerpos llevados por la noche como rehenes de un destino inviolable y al ser uno más, comprendí mejor las voces de papel de mi padre y sus tres camaradas que se llevaron las aguas revueltas del setenta. Tipos dispuestos a imprimir ‘los últimos serán los primeros en morirse de hambre’, y ‘el mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres’.

Mi madre, fervorosa de la moderación apreciaría ‘al entender que éxito y egoísmo son sólo sueños de trapo, ya habremos perdido la última sonrisa’, una oración que para mi viejo y sus amigos ya era una moralina frente a los ataques y escondites del enemigo, dentro de nosotros mismos. (junio 2009)
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Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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lunes, 15 de junio de 2009

Por el imperio...

Rafael Fernando Navarro

Han ganado las elecciones al Parlamento Europeo. Caras altas y frentes despejadas. Empezaron reconquistando Galicia. Ahora Europa. Mayor Oreja, Rouco, Cañizares, se bebieron a chorros la alegría. Volverán los valores como antiguas golondrinas. De la manos de Rajoy, de María Dolores, de Soraya. La derecha es siempre retorno, reencuentro. Occidente seguirá siendo Occidente. Sin mezcla de mal alguno. Como el cielo pontificio de Martínez Camino. Como la saudade de un Aznar prefilosófico.

Cuando en Holanda se proclamó vencedor un partido explícitamente xenófobo y antiislámico, D. Mariano lo asumió como una victoria propia. “Estamos ganando en Europa” ¿Identidad proclamada, asumida, añorada, resucitada?

Valencia se prueba su traje de azahar. Está hermosa, siempre hermosa. Con un Presidente elegante, banquillo judicial hecho a medida con materiales nobles. Carlos Fabra, blasfemando contra la democracia: “a los ciudadanos no les importa si Camps o yo somos culpables o inocentes” No lo dice Fabra. Lo escupe contra el rostro de sus electores. Extraños votos que consienten injurias a las urnas.

Balcón de Génova. Conquistadores del mundo. Europa es nuestra. Y España no digamos. Pelayos de Galicia. Por el imperio hacia Europa. Colonizando España. Una España azul, acunada en la placidez franquista de Oreja.

María Dolores y Soraya exigiendo mociones de censura, sometimiento a votos de confianza. Censura-sometimiento: recuerdos dolorosos de circuncisión en carne viva, de fimosis indignas de machos ibéricos con denominación de origen.

Zapatero, dimisión. Váyase, Señor Zapatero. Que viene Mayor Oreja. Que viene Esperanza cañí, Madrid votofactoría cínicamente restregada. Hasta Rajoy a lo mejor viene, sólo a lo mejor. Cargado de Valencia. Con sabor agrio de limones lorquianos. Que asoma Aznar, restaurador de patrias, de transiciones pasadas por FAES enmohecidas.

Europa se refugia en la derecha mundial hacedora de crisis, de hipotecas basura, de berlusconis corruptos, de guerras ilegales. Quien sólo cuida sus espaldas está destinado a perder la identidad del rostro. Seguir siendo es la lucha esperanzada. Haber sido es la nostalgia, la impotencia anquilosante. Europa está urgida de redimir su propio pasado. Su posesión despótica del mundo, sus dictaduras, sus holocaustos, exigen estrenar amaneceres.

Siete de Junio. Domingo. Europa estatua de sal. Por mirar atrás. Por creer que el futuro se anda al revés. Por no amar la palabra creadora, sino el eco repetido, gastado, zurcido de pasado añejo. Europa refugiada en el vientre de palios concubinos, con dioses cómplices, prostituidos de armiño y muaré.

Cuando se vive siempre de regreso sólo se encuentran huellas de lo que pudo haber sido y no fue. Génova, bajando a la derecha. Génova azul en el balcón del triunfo. Por la acera de enfrente, el mundo se hace mundo cada mañana.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com

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domingo, 14 de junio de 2009

Nuevo estadio de la mundialización: la noosfera

Leonardo Boff

La actual crisis económica está colocando a la humanidad ante una terrible bifurcación: o sigue al G-20 que insiste en revitalizar a un moribundo —el modelo vigente del capitalismo globalizado— que ha provocado la actual crisis mundial y que, si continúa, podrá llevarnos a una tragedia ecológica y humanitaria, o intenta un nuevo paradigma que coloque a la Tierra, la vida y la Humanidad en el centro y la economía a su servicio, y entonces hará nacer un nuevo estadio de civilización que garantizará más equidad y humanidad en todas las relaciones, comenzando por las productivas.

La sensación que tenemos es la de estar siguiendo un vuelo ciego y todo puede suceder.

Desde un punto de vista reflexivo, se presentan dos interpretaciones básicas de la crisis: se trata de los estertores de un moribundo o de los dolores de parto de un nuevo ser.

Me alineo con la segunda alternativa, la del parto. Me niego a aceptar que después de algunos millones de años de evolución sobre este planeta, seamos expulsados de él en las próximas generaciones. Si miramos hacia atrás, al proceso antropogénico, constamos indudablemente que hemos caminado hacia formas más altas de complejidad y órdenes cada vez más interdependientes. El escenario no sería de muerte sino de crisis, que nos hará sufrir mucho, pero que nos purificará para un nuevo ensayo civilizatorio.

No se puede negar que la globalización, incluso en su actual edad de hierro, ha creado las condiciones materiales para todo tipo de relaciones entre los pueblos. De hecho ha surgido una conciencia planetaria. Es como si el cerebro comenzase a crecer fuera de la caja craneal por causa de las nuevas tecnologías y penetrase más profundamente en los misterios de la naturaleza.

El ser humano está hominizando toda la realidad planetaria. Si la Amazonia permanece en pie o es derribada, si las especies continúan o se extinguen, si los suelos y el aire se mantienen puros o contaminados, depende de decisiones humanas. Tierra y Humanidad están formando una única entidad global. El sistema nervioso central está constituido por los cerebros humanos cada vez más en sinapsis y llenos de un sentimiento de pertenencia y de responsabilidad colectiva. Buscamos centros multidimensionales de observación, de análisis, de pensamiento y de gobierno.

En otro tiempo, a partir de la geosfera surgió la litosfera (rocas), después la hidrosfera (agua), luego la atmósfera (aire), posteriormente la biosfera (vida) y por último la antroposfera (ser humano). Ahora la historia ha madurado hacia una etapa más avanzada del proceso evolutivo, la de la noosfera. Noosfera, como dice la propia palabra (nous en griego significa mente e inteligencia), expresa la convergencia de mentes y corazones, originando una unidad más alta y más compleja. Es el comienzo de una nueva historia, la historia de la Tierra unida con la Humanidad (expresión consciente e inteligente de la Tierra).

La historia avanza a través de tentativas, aciertos y errores. En los días actuales estamos asistiendo a la fase naciente de la noosfera, que no consigue todavía alcanzar la hegemonía debido a la fuerza de un tipo de globalización excluyente y poco cooperativa, ampliamente fragilizada ahora por causa de la crisis sistémica.

Pero estamos convencidos de que para esta nueva etapa —la de la noosfera— conspiran las fuerzas del universo que están siempre produciendo siempre nuevos acontecimientos. Nuestra galaxia, y quién sabe si el propio universo, está moviéndose en función de esta convergencia en la diversidad emergencias. En el planeta Tierra, minúsculo punto azul-blanco perdido en una galaxia irrisoria, en un sistema solar marginal (a 27 mil años luz del centro de la galaxia), se ha cristalizado para nosotros la noosfera. Todavía es frágil, pero trae con ella el nuevo sentido de la evolución. Y no se excluye la posibilidad de otros mundos paralelos.

La crisis actual hace necesaria una salida salvadora y ésta es la noosfera. Entonces prevalecerá la comunión de mentes y corazones de los seres humanos entre sí, con la Tierra, con todo el universo y con el Atractor de todas las cosas.


Leonardo Boff
http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=332

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viernes, 12 de junio de 2009

Ética y votos

José M. Castillo

Una de las cosas que han quedado más claras, después de las últimas elecciones al parlamento europeo, es que los posibles escándalos de corrupción de PP en Madrid no le han impedido ganar los votos que necesitaba para derrotar al PSOE. Y de la misma manera, los supuestos escándalos de corrupción del PSOE en Andalucía tampoco han sido obstáculo para que gane holgadamente.

Por supuesto, no soy tan estúpido como para dictar sentencia en los casos de corrupción en los que se han visto imputados los miembros del PP o del PSOE. En todo caso, y sea lo que sea del veredicto final de la justicia, el hecho es que una notable mayoría de ciudadanos españoles, a la hora de votar, no parece que tenga en cuenta la presunción de honradez o desvergüenza de los políticos a quienes vota.

A la vista de estos hechos (por no hablar, sin ir más lejos, del comportamiento de los italianos con Berlusconi), resulta inevitable hacerse una pregunta: ¿qué criterios éticos son los verdaderamente determinantes de nuestra conducta?

Cada día está más claro que la seguridad económica nos motiva más que la honradez ética. Es más, seguramente se puede afirmar que el dinero (y todo lo que aporta el dinero: bienestar, consumo, seguridad...) importa más que la honradez.

Por eso se comprende que, después de lo que ha caído con la crisis, si somos sinceros, tenemos que reconocer que la aspiración de millones de ciudadanos es salir cuanto antes de esta situación. ¿Para qué? Muy sencillo: al menos, para volver a donde estábamos antes y, si es posible, para salir mejor y más fortalecidos.

O sea, si es cierto (y parece que lo es) que ha sido el capitalismo descontrolado el que nos he metido en este lío espantoso, resulta que lo que más anhelamos ahora mismo es recuperar lo que teníamos, es decir, volver al capitalismo de antes. Eso sí, organizándolo de forma que funcione mejor.

Con tal que podamos disfrutar de todo lo que nos ha aportado la economía de mercado y el capital financiero, no pensamos, ni por un momento, que ha sido precisamente ese sistema económico el que nos ha acarreado sufrir las consecuencias de la conducta desvergonzada de los que han sabido y han podido manejar los hilos del sistema. Pero no importa. Para mucha gente, es tan maravilloso el sistema, que, si es preciso, nos rendimos a los pies de los más corruptos, con tal de que nos devuelvan el bienestar seguro y desbocado en el que hemos vivido desde que nos hicimos ricos.

Y es obligado recordar, una vez más, que el sistema que tanto nos gusta y que tanto anhelamos, es el sistema que premia a un número cada vez más reducido de ciudadanos del mundo. A sabiendas que el número de los satisfechos es cada día menor, precisamente porque el número de los hambrientos y excluidos de las ventajas del sistema es cada día mayor. Para que los países ricos vivan cada día mejor, eso se consigue a costa de los que demás vivan cada día peor.

Sin necesidad de recordar, una vez más las estadísticas de la opulencia y el hambre, que todos conocemos, con lo dicho basta para volver, con temor y temblor, a la pregunta de antes: ¿qué convicciones éticas nos han metido en la cabeza y en el corazón de nuestras conductas?

A la hora de pontificar sobre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, todos somos más honrados que la honradez misma. Pero cuando hablamos así, ni nos damos cuenta de que el sistema capitalista, por su misma naturaleza, nos ha configurado interiormente de forma que ha disociado nuestros pensamientos de nuestras conductas.

Queremos un mundo justo, pero luego resulta que para conseguir lo que decimos que queremos, ponemos al frente de esa tarea a individuos de los que no tenemos seguridad alguna sobre su sinceridad, su honestidad y su vergüenza.

¿A dónde vamos por este camino? ¿Qué mundo les vamos a dejar a nuestros jóvenes, a nuestros niños, a las generaciones futuras? Seguro, un mundo con muchas técnicas y miles de artilugios. Lo que no sabemos es si podrá ser un mundo más humano, más habitable y más honesto.

Será, sin duda, el mundo de los predicadores de la justicia y la verdad. Pero seguramente será también el mundo de la mentira, el mundo en el que nadie podrá fiarse de nadie, el mundo del odio y del desprecio.

No me resisto aquí a recordar el pensamiento acerado de Nietzsce, en su “Genealogía de la moral” (III, 13):

“¡Y cuánta mendacidad para no reconocer que ese odio es odio! ¡Qué derroche de grandes palabras y actitudes afectadas, qué arte de la difamación justificada! Esas gentes mal constituidas: ¡qué noble elocuencia brota de sus labios! ¡Cuánta azucarada, viscosa, humilde entrega flota en sus ojos! ¿Qué quieren propiamente? ‘Representar’ al menos la justicia, el amor, la sabiduría, la superioridad, tal es la ambición de esos ‘ínfimos’, de esos enfermos”.

La conclusión no es despreciar (más todavía) a los políticos. No estoy hablando de ellos. Estoy hablando de todos. De los que hemos votado. Y también de los que no han querido votar.

De pico y lengua, estamos todos bien abastecidos. Lo que no sé es si la coherencia ética se corresponde con nuestras palabras. Ahí está, creo yo, el problema del momento.


José M. Castillo

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