viernes, 29 de agosto de 2008

Los guardianes del recato

Raro es el día que no nos llegan noticias que nos dan cuenta de la violencia de las religiones. Violencia de guerras, de atentados terroristas, de odios y actos humillantes relacionados con la religión. Pero hay una forma de violencia religiosa que se lleva la medalla de oro en todas las olimpiadas que organizan los dioses. Me refiero a la violencia de los que han sido calificados como “los guardianes del recato”. Se trata de la “policía” clandestina, que han organizado los judíos ultraconservadores en los asentamientos de Cisjordania, para velar por la pureza y la castidad más estrictas. La cosa llega hasta extremos increíbles, como es quemarle la cara con ácido a una niña de 14 años por el simple hecho de salir a la calle con pantalones (El País, 18, 08). Por la misma razón, los obispos de México han prohibido vestir una minifalda vaquera a las jóvenes católicas de sus diócesis. Y por un motivo similar, será muy raro ver a una joven musulmana jugar un partido de tenis, un deporte que no resulta fácil de practicar con el atuendo que su religión les exige a las mujeres.

¿Por qué esta obsesión de las grandes religiones por este asunto del sexo? Por supuesto, el machismo de las antiguas culturas androcéntricas tiene mucho que ver con esto. Se sabe que, en la cultura de la Grecia clásica, las ideas puritanas dan la cara hacia el s. V (a. c.). Fue Pitágoras el que tomó estas ideas de los chamanes de las religiones del Norte, desde Europa, pasando por Siberia, hasta el Pacífico. Quien más lejos llegó en esta orientación disparatada fue Empedocles, que se atrevió a prohibir el matrimonio como perverso. Hasta que llegó a imponerse la convicción de que “la pureza, más bien que la justicia, es el medio cardinal de la salvación” (E. R. Dodds). Así las cosas, resultó inevitable que estas ideas pasaran de Grecia a las otras culturas del Mediterráneo. Por supuesto, al judaísmo. En la Jerusalén de tiempos de Jesús, las mujeres, los esclavos y los niños eran los tres grupos que siempre tenían que estar sometidos a un amo, que decidía por quienes eran posesión suya (Joachim Jeremias). Por aquel tiempo también, un judío helenista, Filón de Alejandría, escribió: “la descendencia femenina del alma es el vicio y la pasión, mientras que la descendencia masculina es la virtud”. Como es lógico, todo esto influyó decisivamente en el cristianismo y ha marcado la cultura de Occidente. La morbosa obsesión de no pocos predicadores cristianos, confesores y directores espirituales es cosa bien sabida y dolorosamente sufrida por tantas gentes de beuna voluntad que, todavía en los tiempos que corren, están en las listas de espera de sicólogos y siquiatras. Sería falso echar la culpa de tanto destrozo humano a los curas. Pero nadie duda de que el clero ha tenido, y sigue teniendo, no poca responsabilidad en los problemas que genera el sexo. Problemas que las religiones, en lugar de ayudar a resolverlos, lo que han hecho, con demasiada frecuencia, ha sido agravar situaciones que han terminado por romper familias y desequilibrar conciencias.

El fondo del problema es “cuestión de poder”. Sea cual sea la explicación última de todo esto, hay un hecho de sobra conocido: el que domina la fuerza del deseo, los afectos y el sexo de otra persona, tiene controlada y dominada a esa persona. De aquí nace lo que se ha dado en llamar la violencia de género, con los ríos de sangre humana que eso ya ha costado. Y los que costará. En el caso de la religión, la cosa se complica, concretamente cuando la religión no cuenta con un poder coercitivo. Porque entonces echa mano de los oscuros mecanismos de la conciencia, los sentimientos de culpa y los miedos inconfesables, que pueden ser miedos de eterna condenación; o miedos de reprobación social, que suelen ser más duros de soportar que el miedo al castigo eterno.

Como sabemos, el puritanismo religioso es un asunto tan serio, que tiene poder para influir decisivamente en las elecciones presidenciales de Estados Unidos o de cualquier país en el que la religión siga teniendo una presencia consistente. Es la fuerza de los grupos fundamentalistas que ahora, cuando muchos piensan que la religión está más debilitada que nunca, sorprendentemente tiene más poder de lo que podemos imaginar. Y ahí está el peligro. Esos grupos integristas son minoritarios, pero cuentan con el apoyo de los dirigentes religiosos y de los poderes políticos que esperan sacar votos de la religión conservadora en las campañas electorales. Y es que, “después de todo, la religión no ha desaparecido y en algunos círculos ha llegado a ser más militante que nunca. En los tres monoteísmos, los fundamentalistas han reaccionado airadamente a los intentos de llevar la fe al ámbito de lo privado y la han rescatado del olvido” (K. Armstrong). Es bueno que se luche por rescatar la fe del olvido y el desprecio. Lo que no es bueno es que eso se haga apoyándose en poderes criminales, que nada tienen que ver con la inspiración original de las religiones. No sé lo que van a conseguir las religiones que han echado por este camino y se han echado en los brazos de los grupos más fundamentalistas. Lo que sí sé es que, si las religiones siguen por este camino, la fe será cada día cosa de menos gente. Cosa de gente más bien rara. Y, sobre todo, será una fuerza que en vano fomentará la pureza. Y con seguridad ayudará a que cada día sea más débil la justicia, que nos puede devolver la esperanza de un mundo más humano.

José M. Castillo

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Jesucristo Sacerdote según la Carta a los Hebreos

Gonzalo Haya sobre Ariel Álvarez

Introducción

He leído con gran interés el artículo de Ariel Álvarez Valdés sobre Cristo Sacerdote en la Carta a los Hebreos publicado en este blog [1] ayer, día 13 de julio del 2008. Por dos veces intenté insertar un comentario, pero me salía confuso y excesivamente largo. Esta mañana, al dar los buenos días a Dios, he repensado el tema y me he aclarado un poco.

Profeta, Rey y Sacerdote

El citado artículo nos explica que los judíos conversos tenían nostalgia de sus sacerdotes y del culto que se celebraba en el Templo de Jerusalén. Jesús había sido un laico, imposibilitado de acceder al sacerdocio por no pertenecer a la tribu de Leví.

El pueblo esperaba un Mesías que sería Profeta, Rey y Sacerdote.

“La aparición de un futuro Profeta lo anunciaba el libro del Deuteronomio, cuando Dios le dice a Moisés: Suscitaré un Profeta como tú de entre tus hermanos" (18,18). Yo me pregunto cómo se lo prometió Dios a Moisés. Ya no creemos que Dios tuviera todas aquellas prolijas conversaciones con Moisés. Creo que en Moisés, o en el pueblo a lo largo de su historia, creció la confianza de que Dios no lo abandonaría, e imaginaron que la ayuda de Dios vendría a través de un profeta que los liberaría como había hecho Moisés.

“La promesa de un futuro Rey estaba en el 2º libro de Samuel, donde Dios le dice a David: Cuando tú mueras yo pondré un descendiente tuyo y mantendré tu trono para siempre" (7,12). La misma confianza en la protección de Dios, ahora en el contexto de David, se interpreta como la llegada de un Mesías Rey.

“Finalmente la promesa de un futuro Sacerdote para los últimos tiempos se la había hecho Dios al sacerdote Elí: Mandaré un sacerdote fiel, que actúe según mi voluntad" (1Sam 2, 35). Ahora, en el contexto sacerdotal, el esperado salvador aparece como sacerdote.

Jesús “fue reconocido como "profeta" (Mc 9, 8), ‘gran profeta’ (Lc 7, 16), e incluso ‘el profeta’ (Jn 6, 14). También fue reconocido como ‘rey’ (Mt 21, 9), el ‘rey que viene en nombre del Señor’ (Lc 19, 38), el ‘rey de Israel’ “(Jn 12, 13).

Para no defraudar, y para cerrar la argumentación apologética, faltaba reconocer a Jesús como sacerdote. El autor de la carta a los Hebreos descubre la respuesta “leyendo un Salmo que decía: ‘Dios lo ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec" (110, 4).

Creo que la única promesa de Dios –aunque no expresada con palabras- es no defraudar la esperanza humana de salvación, de lograr ese algo indefinido que anhelamos y que pintamos con nuestros colores terrenales de un reino feliz.

Jesús es para mí “el rostro humano de Dios” y no tiene necesidad de ser ni Mesías, ni rey, ni sacerdote. Lo entiendo mejor si no es ni rey ni sacerdote, aunque comprendo que para otros, la manera de llegar a él es considerarlo como Mesías, rey o sacerdote.

La palabra de Dios

Tradicionalmente se ha considerado la Biblia como una obra inspirada por Dios a distintos amanuenses -aunque no se considere meramente dictada-, y por lo tanto con total coherencia interna. Actualmente se tiende a considerar la revelación como la percepción que tuvieron de Dios personas con una intensa experiencia religiosa; percepción ineludiblemente representada mediante los elementos culturales o las experiencias humanas de cada uno.

Cada autor del Nuevo Testamento nos da una visión del mensaje y de la misión de Jesús, no siempre compatibles, como por ejemplo la concepción del templo y del culto en Juan y en la Cartala Biblia. a los Hebreos. Las comunidades cristianas aceptaron esta variedad, pero cerraron la puerta a las desviaciones que ya apuntaban estableciendo el canon de los libros sagrados que forman

Lo que llamamos “Palabra de Dios” son interpretaciones humanas –muy venerables- que tratan de transmitirnos diversas experiencias de Dios. Estas interpretaciones sirven de orientación para los que no logramos experimentar esa presencia de Dios, pero no todas ellas nos sirven igualmente. Incluso una misma experiencia religiosa nos sirve de orientación en una época de nuestra vida, pero posteriormente deja de ser significativa para nosotros.

El autor de la Carta a los Hebreos sintió la necesidad de presentar ante su comunidad a Jesús con Sacerdote. Juan prefirió invitar a su comunidad a adorar a Dios, no en un templo, sino en espíritu y en verdad. Yo he sentido la tentación de tomarme muy a pecho estas palabras del cuarto evangelio –y del protomártir Esteban- y proponer la supresión de los templos cristianos. Sin embargo creo que debo respetar a los cristianos que se sienten identificados con la Carta a los Hebreos, con tal de que no atribuyan al culto un valor en sí que pretenda comprometer a Dios, sino que lo consideren como un desahogo de su deseo de relacionarse con Dios.

Espiritualidad elitista

Tal vez se me pueda reprochar que propongo un cristianismo elitista –una espiritualidad sin religión- poco adecuado para el pueblo sencillo al que Jesús se dirigía. Tal vez tengan razón, pero, en este caso, elitista no significa superior, porque soy consciente de que para Jesús los primeros, las élites, serán los últimos. La religiosidad del pueblo, las procesiones, el rocío, las reliquias, los amuletos, los disciplinantes..., cristianos o no cristianos, serán los preferidos de Dios, no por ser mejores sino por estar más necesitados.

La sensata espiritualidad de una élite tiene que conformarse con el papel de hermano mayor del hijo pródigo, de jornalero de primera hora que recibe el mismo jornal del de última hora.

Yo acojo el papel que quizás me haya tocado en la construcción del reinado de Dios: ir despejando de mediaciones –siempre a la vez distorsionadoras- el camino hacia Dios, anhelar el “ya sí” del reino, el encuentro con Dios. Sería deshonesto, con Dios y conmigo mismo, el envidiar a mi hermano menor y remolonear en mi trabajo malgastando la herencia del Padre.

Agradezco a Dios ser recibido en el reino junto con mi hermano menor y detrás de los publicanos y de las prostitutas.

Ahora en las fiestas catalanas se levantan las pirámides de los castellets humanos; a la cima sube un niño, no por ser el más fuerte, sino por ser el más liviano. Yo, con mi pretendida élite espiritual, me encuentro satisfecho en la base de la pirámide.

Gonzalo Haya
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2008/08/27/jesucristo-sacerdote-segun-la-carta-a-lo

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jueves, 28 de agosto de 2008

Adán y Eva: ¿origen o parábola?

Según la Biblia, Dios formó a Adán, el primer hombre, con barro del suelo. De una costilla suya hizo a Eva, su mujer. Y luego los colocó en medio de un paraíso fantástico. Ambos vivían desnudos sin avergonzarse, y Dios, por las tardes, solía bajar a visitarlos y a charlar con ellos (Génesis 2).

Esta historia, que nos entusiasmaba cuando éramos niños, nos pone en serias dificultades ahora que somos grandes. La ciencia moderna ha demostrado que el hombre ha ido evolucionando a partir de seres inferiores, desde el Australopitecus, hace unos tres millones de años, pasando por el Homo erectus, el Homo habilis y el Homo sapiens, hasta llegar al hombre actual.

Hoy sabemos, pues, que el hombre no fue formado ni de barro ni de una costilla; que al principio no hubo una sola pareja sino varias; y que los primeros hombres eran primitivos, no dotados de sabiduría ni perfección.

¿Por qué la Biblia relata de esta manera la creación del hombre y de la mujer? Sencillamente porque se trata de una parábola, de un relato imaginario que pretende dejar una enseñanza a la gente.

Lo compuso un anónimo catequista hebreo, a quien los estudiosos llaman el “yahvista”, alrededor del siglo X a.C. En aquel tiempo no se tenía ni idea de la teoría de la evolución. Pero como su propósito no era el de dar una explicación científica sobre el origen del hombre sino el de proveer un acercamiento religioso a él, eligió esta narración en la cual cada uno de los detalles tiene un mensaje religioso, según la mentalidad de aquella época. Trataremos ahora de averiguar qué quiso enseñarnos el autor con este relato

Un Dios alfarero

El primer detalle que llama la atención es que el texto afirme que el hombre fue creado de barro. Dice el Génesis que en el principio, cuando la tierra era aún un inmenso desierto, “Yahvé Dios amasó al hombre con polvo del suelo, y sopló sobre sus narices aliento de vida; y resultó el hombre un ser vivo” (v.7).

Para entender esto, hay que tener en cuenta que a los antiguos siempre les había llamado la atención ver que poco tiempo después de muerta una persona, se convertía en polvo. Esta observación les llevó a imaginar que el cuerpo humano estaba fundamentalmente hecho de polvo. La idea se extendió por todo el mundo oriental, a tal punto que la encontramos manifiesta en la tradición de una mayoría de pueblos. Los babilonios, por ejemplo, contaban cómo sus dioses habían amasado con barro a los hombres; y los egipcios representaron en las paredes de sus templos a la divinidad amasando con arcilla al faraón. Griegos y romanos compartían igualmente esta opinión.

Cuando el escritor sagrado quiso contar el origen del hombre, se basó en aquella misma creencia popular, pero agregó una novedad a su relato: el ser humano no es únicamente polvo: posee en su interior una chispa de vida que lo distingue de todos los demás seres vivos, porque al venirle de Dios, lo convierte en sagrado. Y no sólo sucede esto al rey o al faraón, sino también al hombre de la calle. Eso quiso decir cuando contó que Dios “le sopló en la nariz”. Empezaba así a revolucionarse la concepción antropológica de la época.

La imagen de un Dios alfarero, de rodillas en el suelo amasando barro con sus manos y soplando en las narices de un muñeco, puede resultarnos algo extraña. Sin embargo, en la mentalidad de aquella época era todo un homenaje para Dios.

En efecto, de todas las profesiones conocidas en la sociedad de entonces, la más digna, la más grandiosa y perfecta era la del alfarero. Impresionaba ver a ese hombre que, con un poco de arcilla sin valor, era capaz de moldear y de crear con gran maestría preciosos objetos: vajillas, vasos refinados y exquisitos utensilios.

El yahvista, sin pretender enseñar científicamente cómo fue el origen del hombre, puesto que no lo sabía, quiso indicar algo más profundo: que todo hombre, quienquiera que sea, es una obra directa y especialísima de Dios. No es un animal más de la creación, sino un ser superior, misterioso, sagrado e inmensamente grande, porque Dios en persona se tomó el trabajo de hacerlo.

La imagen de Dios Alfarero quedó consagrada en la Biblia como una de las mejor logradas. Y a lo largo de los siglos reaparecerá muchas veces para indicar la extrema fragilidad del hombre y su total dependencia de Dios, como en la célebre frase de Jeremías. “Como barro en las manos del alfarero, así son ustedes en mis manos, dice el Señor” (18, 6).

La soledad del hombre

A continuación aparece en el relato una serie de pormenores curiosos y muy interesantes. Dice que Dios colocó al hombre que había creado en un maravilloso jardín, lleno de árboles que le darían sombra y lo proveerían de sabrosas frutas (v. 9). El agua sobreabundaba en ese jardín, ya que estaba regado por un inmenso río, con cuatro grandes brazos.

Como la vida de aquella época transcurría en terrenos desérticos donde el agua resultaba tan difícil de conseguir, semejante descripción despertaba sus apetencias y daba una imagen perfecta de la felicidad que ellos habrían deseado gozar.

Pero de repente el relato se detiene. Algo parece haber salido mal. Dios mismo presiente que no es muy bueno lo que ha hecho: “No es bueno que el hombre esté solo” (v. 18). Lo ha rodeado de lujos y bienestar, pero el hombre no tiene a nadie con quien relacionarse.

Ante esta circunstancia, dice el Génesis, Dios busca corregir la falla mediante una nueva intervención suya. Con gran generosidad crea todo tipo de animales, los del campo y las aves del cielo, y se los presenta al hombre para que ponga a cada uno un nombre y le sirvan de compañía (v. 19). Sin embargo, no encuentra un compañero adecuado para el hombre. Tampoco los animales resultan una compañía ideal para él (v. 20). ¿Dios se ha equivocado de nuevo?

Luego de reflexionar, intentará subsanar su segunda equivocación mediante una obra definitiva: “Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Le quitó una de las costillas, y rellenó el vacío con carne. De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Será llamada varona porque del varón ha sido tomada” (v. 21- 23).

Finalmente, Dios tiene éxito. Puede sonreír satisfecho porque ahora sí ha conseguido un buen resultado. El hombre encontró su felicidad con la presencia de la mujer.

Las enseñanzas de este relato son profundas:

La primera: que la soledad del hombre no es buena. Que no ha sido creado como un ser autónomo y autosuficiente, sino necesitado de los demás, de otras personas que lo complementen en su vida, sin ellas el mismo hombre “no es bueno”.

La segunda enseñanza está en la frase que dice que en los animales Adán “no encontró una ayuda adecuada”. Quiso advertir con ella que los animales no están al mismo nivel del hombre; que no tienen su misma naturaleza; y por lo tanto no estaba bien que este se relacionara con aquellos como lo hacía con las personas.

La tercera enseñanza pretende explicar que está bien para el hombre dejar a su padre y a su madre, afectos tan sólidos y estables en aquella época, para unirse a una mujer. Es el primer canto de la Biblia al amor conyugal.

Otro detalle fascinante es el profundo sueño que Dios hizo caer sobre Adán antes de crear a la mujer. Muchos lo interpretan como una especie de anestesia preparatoria, ya que Dios está por intervenir quirúrgicamente a Adán para extraerle una costilla, y quiere primero volverlo insensible.

Más bien el sueño de Adán tiene que ver con la concepción que el autor tenía de la acción creadora. Crear es el secreto de Dios. Solo Dios lo conoce y solo Él sabe hacerlo. El hombre no puede presenciar el acto de creación de Dios. Por eso duerme cuando Dios crea. Al despertar, no sabe nada de lo que ha pasado. La mujer recién creada, tampoco porque cuando se da cuenta de que existe, ya ha sido formada.

Con esta escena la narración advierte que la actuación de Dios en el mundo es invisible para los ojos humanos. Solo quien tiene fe puede descubrirla. Nadie logra contemplar a Dios que pasa por su vida, si está dormido y no despierta a la fe.

Un hombre y una mujer

Pero el momento culminante de la narración y de alguna manera el centro de todo el relato, lo constituye el detalle de la mujer formada de la costilla de Adán.

Nuestro autor emplea aquí una bellísima imagen para dejar a los lectores una lección grandiosa. Para crear a la mujer, Dios no tomó un hueso de la cabeza del hombre, pues ella no está destinada a mandar en el hogar; pero tampoco la hizo del hueso del pie, porque no está llamada a ser servidora del hombre. Al decir que la crea de su costilla, es decir, de su costado, la coloca a la misma altura que el varón, en su mismo nivel y con idéntica dignidad.

Tal atrevimiento de declarar a la mujer semejante al varón, debió de haber irritado enormemente a sus contemporáneos, y sin duda constituyó una idea revolucionaria en su época.

El relato termina con un último detalle sugestivo: “Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro” (v. 25). Más adelante, cuando se desate el drama del pecado original sobre Adán y Eva, dirá: “Entonces se les abrieron a ambos los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos” (3, 7).

Esta alusión alimentó la imaginación de millones de lectores a lo largo de los siglos, y llevó a pensar que el pecado original tenía que ver con el sexo. Pero en realidad el autor con esta observación solo buscaba transmitir un último mensaje a sus lectores, basado en la experiencia cotidiana. En ella veía cómo los niños pequeños andaban desnudos sin avergonzarse. En cambio al entrar en la pubertad, percibían su desnudez y se cubrían. Ahora bien, esa época coincidía con la edad en la que todos toman conciencia del bien y del mal, y son responsables de sus actos.

El yahvista quiso decir que toda persona, al entrar en la adultez, es pecadora, y por lo tanto responsable de las desgracias que existen en la sociedad. Nadie puede considerarse inocente frente al mal que lo rodea, ni puede decir: “yo no tengo nada que ver”. Por eso todos sienten vergüenza de su desnudez.

La Biblia no enseña cómo fue el origen real del hombre y de la mujer, porque el escritor sagrado no lo sabía.

Pero, como vimos, tampoco le interesa contar “cómo” apareció el hombre sobre la tierra, sino “de dónde” apareció. Y su respuesta es: de las manos de Dios.

El “cómo” deben explicarlo los científicos. El “de dónde” lo responderá la Biblia. Y algo más profundo: que todo hombre, quienquiera que sea, es una obra directa y especialísima de Dios.

Ariel Álvarez Valdez

http://www.panamaprofundo.org/boletin/compromiso-fe/ariel-alvarez-valdez-otro-silenciado.htm

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"Sin utopías, nos empantanamos en los intereses individuales"

Entrevista a Leonardo Boff, teólogo de la liberación

Claudio Martyniuk

Nada de lo humano le es ajeno a Leonardo Boff. Autor de una gran obra, centrada en la Teología de la Liberación, militante ecológico, luchador contra la opresión social y la cultura patriarcal, dejó el ejercicio sacerdotal oficial en 1992, luego de padecer sanciones y apercibimientos del Vaticano. Invitado por la fundación AVINA, realizó actividades en distintos puntos del país y conversó en exclusivo con Clarín.

- ¿Qué balance puede hacer de la difusión de la Teología de la Liberación en América latina? ¿La lucha contra la opresión sigue siendo un ideal vigente?

- La Teología de la Liberación sigue vigente en aquellas iglesias y grupos que toman en serio la injusticia social y la opresión que sufren las grandes mayorías. Hoy es en los movimientos populares, en los círculos bíblicos, de carácter ecuménico, donde la Teología de la Liberaciónla Liberación que se hacen una semana antes de los foros sociales mundiales, sea en Porto Alegre, en Nairobi y el año próximo en Belem de Brasil. encuentra su más grande difusión. Está presente en todo el mundo, en Asia, África, América Latina y en grupos solidarios del Primer Mundo. Esto se puede comprobar en los foros mundiales de Teología de

Su actual preocupación ecológica, ¿cómo se vincula con la teología? ¿Hay un "puente" entre teología y ecología?

La Teología de la Liberación nació escuchando el grito del oprimido: pobres económicos, indígenas, afrodescendientes, mujeres. Hoy gritan las aguas, los bosques, los animales, es toda la Tierra la que grita. Dentro de la opción por los pobres y contra la pobreza debe ser incluida la Tierra y todos los ecosistemas. La Tierra es el gran pobre que debe ser liberado junto a sus hijos e hijas condenados. Y la opción por los pobres es la marca registrada de la Teología de la Liberación.

La mayoría de los problemas ecológicos son causados por las naciones más ricas. ¿Qué pueden hacer los más pobres para preservar el ambiente?

La causa principal del clamor ecológico es el tipo de producción y consumo que se impuso desde los países ricos sobre todo el mundo. Este sistema explota las personas, las clases, los países, y la Tierra. La consecuencia la notamos ahora con el calentamiento global que puede poner en riesgo la biodiversidad y, en el límite, a la especie humana. A los pobres les cabe gritar, denunciar y luchar para que se cambie este paradigma tecnocientífico y la cultura productivista y consumista. Caso contrario vamos todos al encuentro de lo peor. No hay un arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos, o perecemos todos. Los pobres son aquellos que por su situación de explotados ven mejor la perversidad de este sistema antivida.

La filosofía de la historia moderna nos legó la idea de un camino de desarrollo infinito. Esta idea se ha encarnado sobre todo en el campo de la producción técnica. ¿Con esta ideología es posible establecer un orden social ecológico? ¿En su caso, qué idea debería sustituirla?

Un desarrollo infinito es imposible en un planeta finito y con recursos escasos. Esta idea es una ilusión no totalmente asimilada por los que tienen la conducción del proceso productivo en el mundo. Pero ya se están dando cuenta de que la lógica de este tipo de desarrollo está en contradicción con la lógica de la vida. O cambiamos o la Tierra no va a aguantar. Hay que pasar de una sociedad de producción de productos materiales a otro tipo de sociedad de sustentación de toda vida, y de producción de valores humanos que puedan ser compartidos por todos, porque la Tierra es de todos. Tenemos que producir para atender a las demandas humanas en sintonía con los ciclos de la naturaleza y con sentido de equidad en la distribución de los beneficios y servicios para todos.

En el plano ecológico mental, Ud. le asigna especial relevancia al costado femenino que tendrían todos los seres humanos, ya que lo asocia a una ética del cuidado. ¿Qué efectos sociales tendría la extensión de esta actitud entre los miembros de la familia humana?

Somos herederos de una cultura patriarcal que se ha impuesto en los últimos doce mil años. Ella ha creado el Estado, las leyes, la burocracia, los ejércitos y la guerra. Esta cultura ha dominado a la mujer o la ha hecho invisible en la sociedad. Esto ha significado una recíproca deshumanización porque el hombre ha reprimido lo femenino que hay en él y ha forzado a la mujer a reprimir lo masculino que hay en ella. Cada ser humano es sustentado por estas dos fuerzas constituyentes de nuestra identidad: lo femenino que responde por la capacidad humana de acogida, de enternecimiento, de sensibilidad, de cuidado y de sentido de lo simbólico y de lo espiritual, y por lo masculino que atañe a la racionalidad, al trabajo, a la superación de obstáculos, al poder y a la utilización de la fuerza. En el hombre y en la mujer coexisten estas dos dimensiones. Cuando son bien articuladas y asumidas de forma integradora, componen la excelencia del ser humano. La mujer es la portadora privilegiada, sin ser exclusiva, de esta dimensión de lo femenino. Por eso está más cercana a la complejidad, a la vida y al cuidado que la vida necesita. Hoy se hace urgente rescatar lo femenino para tratar mejor la naturaleza, respetar las alteridades y salvaguardar la vida amenazada.

¿Es posible restablecer alguna utopía en nuestra época? ¿Qué rasgos debería tener?

Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común. A mi juicio, la utopía que puede reencantar a la vida es una relación de reverencia y respeto a toda vida, de sinergia con las fuerzas de la naturaleza, de hospitalidad con todos los seres humanos y de convivencia en la diversidad de culturas, religiones y de visiones de mundo. Una utopía de una Tierra organizada desde una articulación central de valores, principios y poderes que administren los recursos escasos para todos, habitando como una familia en la misma casa común, la Tierra. Esto no es imposible. Efectivamente vamos a construir una sociedad así o posiblemente Gaia, la Tierra viva, no nos va a soportar y va a expulsarnos como una célula cancerígena.

En el mundo hay hambre y aumenta el precio de los alimentos. ¿Debería existir una ética para moderar el negocio de los productos destinados a satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos?

Yo creo que el hambre de millones de personas, no a raíz de falta de alimentos sino de la incapacidad de adquirirlos por la demasiada pobreza, demuestra la ausencia de sensibilidad delante del sufrimiento de los otros humanos. Somos crueles y sin piedad. Existe la urgencia de una gobernabilidad central de la humanidad y de la Tierra que tenga poder para garantizar a los vulnerables el alimento necesario, suficiente y decente. Comer es un derecho humano fundamental y es un deber de todas las sociedades y Estados garantizarlo, porque somos hijos e hijas de la Tierra. Creo que lentamente vamos caminando en esta dirección porque de otra forma no vamos a mantener la familia unida, sino bifurcarla entre aquellos que comen y aquellos que no comen.

El consumismo es un rasgo de nuestra civilización. ¿Cómo se podría atemperarlo, hacerlo responsable?

Cada uno tiene que desarrollar una conciencia de solidaridad humanitaria y de responsabilidad universal. El consumo debe de ser medido, debe alcanzar una justa medida. Podemos vivir bien con menos. Importa incorporar valores intangibles que dan sentido a la vida y a la convivencia, como el cuidado mutuo, la compasión con los que sufren, la cooperación para que todos tengan lo necesario. Cada uno tiene que hacer la revolución molecular, es decir, empezar por sí mismo y realizar lo que Gandhi decía: "Sé tu mismo la solución y el mundo que tú quieres para los demás".

¿Es posible, en este mundo, mantener el sentido del humor' ¿Qué formas de felicidad podemos alcanzar?

A pesar del abatimiento y de la melancolía que la actual situación del mundo nos puede producir subjetivamente, podemos mantener el sentido de humor porque existe en nosotros la irrefrenable convicción de que la vida es más fuerte que la muerte y que podemos disfrutar de todo lo que la Tierra nos brinda con su vitalidad y que los seres humanos han creado con su ingenio. Hay potencialidades en nosotros y en el proceso evolutivo que todavía no se han realizado y que pueden irrumpir, abriendo un nuevo ciclo en la historia, más integrador y más respetuoso de cada ser del universo.

El actual Papa es muy crítico con el relativismo ético. ¿Cuál es su posición ante el relativismo?

Todo lo que es creado y está en proceso de crecimiento y de evolución es relativo en un doble sentido: relativo en la medida que está siempre relacionado con todo lo demás y que nadie vive fuera de la relación. Relativo en un segundo sentido de que el absoluto es solamente Dios. Todo lo demás es relativo, puede cambiar, puede ser diferente, no puede imponerse a los demás. Solamente espíritus autoritarios imponen lo relativo suyo como algo absoluto, congelando la historia y el caminar de los humanos. Lo que debemos es asumir nuestra transitoriedad con responsabilidad, con sentido de respeto y veneración, caminando junto con los demás y construyendo algo colectivo que sea bueno para la vida y para la convivencia entre las diversidades humanas.

Claudio Martyniuk
www.rebelion.org/ - 26-08-2008
http://www.panamaprofundo.org/boletin/compromiso-fe/sin-utopias-nos-empantanamos.htm

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El impenetrable o la agonía QOM.

En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo. Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen –ya impropiamente– como El Impenetrable.

Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.

Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina –no pedida ni autorizada– al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina. aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.

Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli –población de 30 mil habitantes que se autocalifica “Portal del Impenetrable”– la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.

Entramos –nuevamente por atrás– al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.

Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.

Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. “Siempre”, responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, “aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele”.

Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque “no tenemos lavandina”.

Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.

Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.

Digan lo que digan, estas tierras –más de tres millones de hectáreas– fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.

Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia.

Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de “los pentecostales” o “los anglicanos”.

Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: “Por aquí, Dios no pasó”.

Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: “Con la fuerza de Rozas, vote lista 651”. Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de “Pare de sufrir”. Abajo dice: “Chaco merece más. Vote Capitanich”.

A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.

Nunca antes el Chaco ni este país me había dolido tanto.+ (PE)

Mempo Giardinelli

Nota. El artículo, remitido por el Informativo de Attac “El Grano de Arena, fue publicado en Página 12, el 25 de setiembre de 2007.

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miércoles, 27 de agosto de 2008

Acerca del “pack”

Pepcastelló

Me pregunta una buena amiga, ferviente católica y excelente persona, qué le veo de malo al “pack”. Intentaré explicarme.

El “pack” es un aglutinado de cosas diversas y aun contradictorias que genera confusión. Tanto, que no podemos por menos que preguntarnos si esta confusión no está buscada a posta con el fin de desorientar a los fieles seguidores y encauzarlos hacia un camino distinto del que el mensaje evangélico señalaba. Intentemos sino relacionar la humildad del evangelio con el poder de la Iglesia (bienaventurados los pobres, los humildes...); la sencillez de Jesús con la soberbia de la clerecía (no llames padre ni maestro a nadie... ¡Padre, ilustrísima, santidad!); la transformación interior que predicaba Jesús con esa vida religiosa centrada en el culto y en el valor simbólico de la liturgia y los sacramentos, un simbolismo que no exige ningún cambio en la forma de vida de quienes participan. Y no digamos ya de cómo tomar en serio cuanto la Iglesia afirma referente al sacerdocio y al pontificado sin haber hecho antes un firme propósito de fidelidad a su doctrina. Fijémonos en el sectarismo que propugna la jerarquía eclesiástica con la canonización de Escrivá de Balaguer, con la bendición de diversos colectivos de tendencia fundamentalista y con la ocultación de los casos de pedofilia y protección a los curas pedófilos. Fijémonos en qué partidos políticos gozan del favor de la clerecía romana, si los que propugnan el progreso social o los que lo dificultan o impiden. Fijémonos en tantas y tantas cosas que muestran lo lejano que está el pensamiento de quienes lideran la Iglesia Católica del que inspiraba a quienes escribieron el Nuevo Testamento, incluso en la versión actualmente aceptada sin entrar en absoluto en la posibilidad de que en su debido momento esos textos hayan sufrido retoques. Pero fijémonos más que nada en la actuación de toda esa gran estructura que es la Iglesia Católica y en como orienta de modo preferente sus recursos humanos a crear lazos de afecto entre los fieles y ella, un afecto que es el que da consistencia a la idea de «todos somos Iglesia» y sofoca cualquier rebelión seria contra los desmanes eclesiásticos. Y ya para terminar, porque la lista es larga y hay para contar y no parar, observemos el rígido autoritarismo eclesiástico, claramente visible cuando alguien se atreve a saltarse la norma para actuar de forma auténticamente evangélica en favor de los más desfavorecidos, como fue el caso de la Parroquia de Entrevías y otros que ahora no me vienen a la memoria.

Desde mi personal perspectiva observo que la sociedad católica de mi entorno se contempla a sí misma con ojos de Narciso. Veo a las personas católicas, con sus pastores al frente, recreándose en el gozo de su propia sensibilidad religiosa, sin mayor exigencia que la de afianzar sus convicciones y reafirmar su adscripción a la Iglesia. Y me parece que está claro que este y no otro es el fin que se han trazado las máximas autoridades católicas desde que Wojtyla se convirtió en Juan Pablo II, lo que representó regresar a la época anterior a Juan XXIII, de nefasta memoria para quienes tenemos ya alguna edad.

No estoy muy seguro de estar expresando con claridad lo que pienso, y con ese fin voy a relatar una situación que he vivido recientemente.

Unos amigos míos han hecho un viaje de turismo religioso a Tierra Santa. Unas cuarenta personas con tres sacerdotes. De regreso, comentando lo maravilloso del viaje, las emociones vividas y las excelencias de la organización, uno de ellos ha apostillado: «lo mejor para mí ha sido lo espiritual».

Me he preguntado para mis adentros que entiende esta persona por “espiritual”, si los arrobos internos que ha vivido o “el cambio de proyecto de vida” al cual le impele la contemplación de los Sagrados Lugares. ¿Empezará esta persona a partir de ahora a mirar con ojos críticos las relaciones de dominio y explotación de los países ricos sobre los pobres en la que se basa el bienestar de nuestro mundo opulento y nos permite tantos viajes de turismo religioso o no religioso? (Lo de los viajes es sólo un ejemplo, puesto que ya sabemos que hay cosas más graves).

No digo yo que no sea lícito a cada ser humano buscar la mejor forma de vivir, ni que los gozos que proporciona la contemplación no sean deseables. “¡Dios me libre!” Digo que el “pack” religioso que se ofrece en mi entorno corresponde a un diseño acomodaticio de catolicismo conservador y burgués, ni profético ni transformador. Tal vez sí a nivel interno personal, aunque con dudas, pero no social.

Pienso, y ojalá me equivoque, que todo ese “pack” religioso al cual me refiero tiene como fin producir en las personas sobre las que actúa esas sensaciones internas de bienestar y autocomplacencia que se expresan con el termino “espiritual”, sin la menor intención de transformar su forma de vivir, de rechazar la injusticia, de luchar por un mundo mejor. ¿Será esto una forma de entender aquello de «mi reino no es de este mundo?». Pues si es así me pregunto: ¿actuaría del mismo modo la Iglesia Católica si estuviese instalada su jerarquía en el tercer mundo en vez de estarlo en el primero?

Bien, aunque me expresé mal, espero haberme hecho entender. Gracias por vuestro esfuerzo.

Pepcastelló

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lunes, 25 de agosto de 2008

Entrevista a Don Pedro Casaldáliga.

De Pedro Casaldáliga, obispo emérito de Sao Félix (Brasil) -donde sigue viviendo-, se dice que es místico, poeta y uno de los líderes de la Teología de la Liberación. Con 80 años y aquejado de un incipiente parkinson, sus palabras rezuman tanto amor al Evangelio y a los pobres que siempre merecen la pena ser tenidas en cuenta. En esta ocasión también se dirige a la HOAC. (Hermandad Obrera de Acción Católica)(*)

¿Cómo fue su llegada a Brasil y al Mato Grosso?

Llegué en enero de 1968 y Medellín fue en octubre. La Santa Sede (que es santa y es pecadora también) pedía a los claretianos que abriesen una misión en esta región. El superior general -que era un alemán que me quería mucho con el que yo había sido impertinente durante toda la carrera: que quería ir a misiones, que quería ir a misiones, me llamaba «vir desideriorum», hombre de deseos- dijo que Brasil era un país de muchos desafíos y de mucho futuro, tanto como sociedad cuanto como Iglesia, y es verdad.

Automáticamente Brasil tiene una cierta hegemonía, hasta por el tamaño, por las posibilidades y por la historia que ha vivido. Está lo más rico y lo más pobre. Las posibilidades son muchas: tenemos todos los tipos de climas, mucha agua, mucho sol, mucha injusticia, mucha miseria. Es un país emergente. Ahora ya no se habla de Brasil simplemente como tercer mundo. Ya se habla de Brasil al lado de China, al lado de India. Cada país es lo que es, pero Brasil por el tamaño y las posibilidades es un país que significa.

Como decía, en enero del 68 vinimos el compañero Manuel Luzón y yo. Hicimos el curso de cuatro meses del CFI (Centro de Formación Intercultural). Nos instalamos en esta región que es entrada de la Amazonía, llamada Amazonía legal y nos tocó vivir la entrada de la dictadura militar. Era la entrada del latifundio; fue una especie de ensayo de latifundio con los incentivos fiscales que daba el gobierno.

Y en la Iglesia estábamos viviendo las consecuencias del Vaticano II y Medellín, que fue prácticamente nuestro Vaticano II. Hubo mucho Espíritu Santo de por medio y gente lúcida, abierta; el clima era bueno, a pesar de toda la violencia. Se vivió un cierto clima de profecía, de inserción, de superación de barreras. Incluso aquí en Brasil para muchos hablar de comunismo o de marxismo no espantaba tanto, porque también el propio marxismo aquí en América Latina se vivió de un modo mucho más popular, mucho menos soviético.

y te nombran obispo…

Me nombran obispo el 23 de octubre de 1971, cuando lanzamos aquella carta pastoral que titulamos “Una Iglesia de la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social”.Yo había escrito en el año 70 un documento de dos páginas muy sentido, porque empezaba a descubrir más en profundidad el mundo de los peones de las haciendas. El documento se titulaba “Feudalismo y esclavitud en el norte del Mato Grosso”.

El nuncio me elogió, pero me dijo que no publicara eso, que perjudicaría la imagen de Brasil. Lo incluimos después en la carta pastoral. Llevaba las dos palabras: feudalismo y esclavitud. Algunos decían que hablar de feudalismo era una ignorancia trasnochada. Aquello que se vivió históricamente, se dio en otras condiciones, pero no dejaba de ser esclavitud. Fijaos que ahora cada dos por tres se descubren casos de trabajo esclavo, trabajo degradante, en la Amazonía y en todos los países.

Hablemos de la Prelatura, de Sao Félix, de su estructura y organización.

Prelazia o Prelatura aquí en Brasil son diócesis, verdaderas diócesis con obispo en la Amazonía. Ahora tenemos14. Sólo en Brasil existe ese tipo de figura, porque se habla también de prelatura y prelados en otros países del mundo pero no tienen el contenido y significado que aquí.

El pueblo cristiano se agrupa en comunidades eclesiales de base (CEB), que escogen a sus responsables en el Consejo Pastoral local, regional y general. También está la Asamblea de la Prelatura, formada por todos los equipos pastorales y todos los responsables de los consejos regionales (entre 120-130 personas). Existen nueve equipos pastorales que animan la pastoral de cada región. Hay pocos sacerdotes y ello obliga a formar líderes laicos y a preparar comunidades (según la eclesiología del Vaticano II). La pastoral tiene un fuerte componente social y político y abarca todos los órdenes de la vida de manera integrada.

Vivimos de la ayuda de fuera, de la solidaridad. Incluso hemos pensado varias veces qué podríamos inventar para que rindiese algo y no tener que vivir sólo de limosna, de solidaridad qué podíamos inventar aquí, ¿una hacienda?, ¿te vas a poner codo con codo con los hacendados? Imposible. Incluso, varias veces nos han dicho “¿por qué no compráis esa emisora de radio local que alcanzase toda la dimensión de la Prelatura?”. Pero el problema no es comprar la emisora, que habría entidades en Europa que nos pagarían la compra, el problema es mantenerla.

Hace varios años que tenemos tres prioridades: formación, en todos los sentidos de la palabra; autonomía personal y económica y pastoral socio- política… A veces hemos dicho bromeando (y es verdad): si cada católico adulto diese un real por mes, doce reales al año, mantendríamos económicamente la Prelatura. A lo largo de los siglos la Iglesia-pueblo ha tenido experiencias de imperios que subvencionaban, “Francos” que subvencionaban, y el pueblo de la Iglesia católica no fue educado en mantener su Iglesia.

¿Cómo ha ido respondiendo la Prelatura de Sao Félix a la realidad social de cada momento?

Se fundó la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), se fundó el CIMI (Consejo Indigenista Misionero). Nosotros seguimos con una pastoral muy politizada y ha habido críticas. Quizá sí que a veces fuimos muy politizados en el sentido de que a veces fuimos menos “espirituales” (dejemos las cosas en su lugar), quizá no supimos conjugar.

Nos hemos preguntado muchas veces en reuniones del CIMI, CPT, Pastoral Operaria, reuniones de Iglesia o del movimiento popular, hasta qué punto era legítima la suplencia, hasta dónde debería llegar; aquella historia famosa del “pescado”: enseñar a pescar o dar pescado… Yo creo que en última instancia primero hay que dar pescado, para que tengan fuerza para andar y llegar hasta el río; habrá que comprarles quizá los instrumentos de pesca porque no tienen ningún tipo de infraestructura, no tienen condiciones ningunas para reclamar, para abrirse espacio…; después habrá que enseñarles, sobre todo a apoderarse del río.

Entonces, no se trata de suplir ahogando las iniciativas. Tanto en el CIMI, como en la CPT que instituimos varios compañeros obispos con esa conciencia y esa voluntad de asesorar, estimular, prestar nuestra voz donde ellos no podían tener voz. Fueron apenas “consejos”, “comisiones”. Nosotros creíamos en la importancia, sobre todo en esta América, de estimular las bases del movimiento popular y que los cristianos entrasen de lleno en el movimiento porque ya no sería suplencia del clero, sino vivencia cristiana dentro de las necesidades frente a las injusticias y en las reivindicaciones.

También tenemos aquí a las Hermanitas de Jesús, con una experiencia misionera de pura presencia, de pura vivencia, de pura encarnación, de testimonio: gritar el Evangelio con la vida, que decía la fundadora.

Por otra parte, en Aparecida incluso ahora, a pesar de todos los que quisieron acabar con el nombre de la Teología de la Liberación, se ha reconocido que esas pastorales de punta ayudaron y están ayudando mucho a no dormirse en un “irenismo” o falta de vitalidad. Porque si sólo tienes pastorales de tipo carismático, para cantar aleluya…, pueden convivir muy bien el patrón y el empleado. Pero, para vivir y trabajar, tener salud y educación para los hijos y ser libre, entonces… “No se puede servir a otro señor; no puedes servir a Dios y al dinero”.

La teología de la liberación ha dicho, y es verdad, que nuestro problema principal no es el ateísmo, es la idolatría del consumismo, del lucro… Por eso digo siempre, y lo dicen otros muchos, que el capitalismo no tiene salvación, no se puede bautizar el capitalismo. Si es capitalismo, es el lucro, la acumulación, el privilegio, la marginación y el dinero por encima de la persona humana, la negación incluso de las propias patrias por causa de las multinacionales y transnacionales.

¿Cómo ve la Iglesia de hoy?

Es mucho más ecuménica. Por ejemplo, los seglares, sobre todo la mujer tiene muchísima más presencia. Con respecto a la mujer, es hoy rara la “presencia” oficializada, pero es una presencia altísima, real, activa. La presencia y actuación de la mujer en la Iglesia de América Latina es hegemónica.

Yo ahora puedo asegurar con gratitud y certeza que a lo largo de estos 40 años he visto emerger a la mujer en la sociedad y en la Iglesia, a los indígenas (llegando a organizarse incluso en federaciones y confederaciones continentales, que la causa indígena o se salva continentalmente o no se salva).

¿Por dónde cree que debe caminar la Iglesia del futuro?

Insistiendo, como providencialmente hizo, por lo menos de un modo puntual, el Vaticano II, en que la Iglesia es: “no el Pueblo de Dios, sino Pueblo de Dios”, con otros muchos Pueblos de Dios que hay por ahí; toda la humanidad es Pueblo de Dios. Todos los pueblos son pueblos elegidos. Dios no hace preferencias. Entonces, que la Iglesia piense a partir de eso. En ese Pueblo de Dios hay carismas, hay ministerios, hay servicios, hay urgencias…, que se estimulen, que bendigan…; cada hombre y cada mujer tiene su vocación específica y sus complementarias.

En segundo lugar, el ecumenismo y el macroecumenismo. Incluso en América Latina no se puede hablar ahora de continente católico; porque sí, es católico, pero no sólo católico. El ecumenismo, si es sólo ecumenismo es excesivamente cerrado; por ejemplo, ¿cuánto hay de cristianismo en Asia? Una insignificante minoría, y hay una gran millonada de gente.

La Iglesia debe ser profecía y provocación, debe continuar y estimular cada vez más la actitud profética. Entendiéndose profecía como: anuncio, denuncia, consolación, compromiso práctico. También cada vez más la Iglesia debe ser pobre y gratuita. En Medellín los obispos hicieron el propósito de ser la Iglesia pobre, en nuestros títulos, en nuestro modo de vestir…, explicitaba incluso. Sin embargo, los títulos continúan, las mitras continúan, los vestidos continúan, y los eminentísimos o excelentísimos…

Si la Iglesia entendiese y acogiese a toda la humanidad como Pueblo de Dios, como hermandad universal, el compromiso de la Iglesia con la sociedad sería normal. El ser fermento en la masa, sería lo lógico, lo normal, porque la Iglesia no se consideraría sociedad aparte, sino un fermento evangélico en la sociedad, dentro de la sociedad. Y no se tendrían que hacer tantos equilibrios…, que si la acción social y la política es propia del laico…

Es propia de todos, cada uno en su categoría y en sus funciones. Ahora bien, lo que no hagamos por gusto y por respuesta pronta a las señales del tiempo, se nos impondrá por la base de la historia, pero mucho más rápidamente y a veces más dolorosamente. Por ejemplo, el mismo Comblin ha recordado varias veces que la iglesia perdió al obrero, y ahora se está perdiendo a la mujer. Y es verdad, hay muchas mujeres que dicen: “aquí no me reconocen con dignidad suficiente, no me dan espacio, pues me voy; montamos nuestra tienda”.

Creo que uno de los desafíos mayores de este siglo es reconocer el derecho de los inmigrantes, discurrir bien lúcidamente y denunciar las causas de la inmigración, hacer lo posible para que no tengan que salir de su patria, ayudar a que en su propio país puedan vivir con dignidad, teniendo trabajo, sintiéndose ciudadanos. El problema de la inmigración está mezclado con el día a día del primer mundo y del tercer mundo.

La Iglesia debería ser más politizada, y al mismo tiempo vivir con serenidad la laicidad, reconociendo que es algo natural, que no es una especie de favor que se tolera. La sociedad es la sociedad y la Iglesia es la Iglesia; la Iglesia está en la sociedad, acontece dentro de la sociedad. Entonces está lo que es específicamente de la Iglesia y además lo que es específico de la sociedad, de una sociedad democrática, plural, mundial…; es ahí donde la Iglesia debe espabilarse.

Vosotros los obreros y obreras, ¡cómo no os espabiléis ahí con esa situación del trabajo, con respecto a la dignidad en el trabajo, para contestar a la flexibilización…! Bueno, pues a la luz de las circunstancias históricas y a la luz de la fe, vamos a ver qué hacemos, cómo lo hacemos. Los políticos profesionales que sean católicos o cristianos, a ver cómo contribuyen a partir de su fe y a partir de su condición de político.

No hay una respuesta previa dada ya: ¡votad como católicos! Pero estoy concretamente en España, o estoy concretamente en un país de Asia donde hay una minoría ínfima de cristianos católicos. Debemos desdogmatizar muchas cosas. Antes todo era categórico, dogmático, sabido…; hoy hasta la ciencia parte cada vez más de hipótesis y contra hipótesis. Se trata de relativizar lo que es relativo y absolutizar lo que es absoluto. Y lo absoluto no es poco: Dios es amor, todos y todas somos hijos e hijas de Dios y, por la misma, hermanos; Dios es vida, está asegurada la vida para todos y para siempre. Mucho más que eso: Jesús es el testimonio espléndido de ese Dios que es amor.

¿Ves aún hoy necesaria una pastoral especializada, una pastoral obrera?

Habría que matizar. En principio, habría que decir que toda la Iglesia sea Iglesia, que toda la Iglesia sea misionera, que toda la Iglesia sea fermento como quería Jesús. Si ahora decimos que la gran primera máxima o primera identidad es ser gente humana, entonces la gran primera identidad de un cristiano es ser Iglesia, una Iglesia que evangeliza, una Iglesia que celebra, una Iglesia que profetiza, una Iglesia que está metida en la masa; porque sólo se es fermento en la masa. Si no hay masa, no hay fermento. ¿Para qué quiero fermento si no hay masa? ¿Para qué quiero el fermento a un lado y la masa a otro?

Hoy continúa siendo necesaria una pastoral específica. Imagínate que dijésemos aquí en Brasil, en América Latina, que no hace falta una pastoral indigenista, que los indios entran también en la Gran Pastoral, van a ser evangelizados.

Yo últimamente he insistido mucho en que deberíamos predicar más y vivir mejor la condición de raza humana, que en cierto sentido es nuestra primera y máxima, identidad. Después, viene la profesión o la clase. Es curioso, pasa de moda hablar de clase. Yo tengo aquel poemita que dice: “en el vientre de María el Verbo se hizo carne, se hizo hombre, y en el taller de José el Verbo se hizo clase”. Uno piensa que demasiado precipitadamente se quiso olvidar la clase, eso fue así.

El obrero de hoy es un obrero diferente, no es el obrero del siglo XIX; hay categorías, hoy hay menos obreros y mucha más y mejor máquina. Es necesaria una pastoral obrera muy especializada: ¿por qué no el obrero va a evangelizar al obrero? Incluso debería ser cada vez más internacional.

Yo creo que la JOC (Juventud Obrero Católica) continúa siendo actualidad, que la HOAC continúa siendo actualidad, lo que pasa es que tanto los que son HOAC como los otros muchísimos que no lo sean han de colocar la HOAC en su debido lugar y con sus debidas responsabilidades, no pedir lo que no se le puede pedir y exigir lo que se le debe exigir.

Porque, por ejemplo, me pongo un poco en sus camisas…, si no se percibe que la HOAC es un grupo de obreros diferentes, ¿para qué queremos la HOAC? Es un obrero, honesto, trabaja, pero no pasa de ahí… Lo primero que uno debe ser es honesto, trabajar como trabajador, ser solidario con los compañeros y compañeras, pero, al mismo tiempo, que noten que es cristiano. No hará falta hablar mucho, hará falta ser. Porque posiblemente algunas críticas que se hacen, parten de que, como se experimentó aquí en América Latina, se politiza tanto que se pierde aquel plus de la fe, de la evangelización. Ahora bien, por otra parte, no se puede eclesializar tanto que hagas de un obrero un monaguillo infiltrado en la masa.

También creo que los movimientos especializados han de saber ser Iglesia con jerarquía, reconocer que el obispo es obispo, que el Papa es Papa. Y a veces incluso también con un poco de astucia evangélica que nos enseñó Jesús, tendrán que agradar un poco a los obispos, no cuesta nada mostrarles los proyectos, convidarles a una celebración o a una merienda. Pero teniendo una libertad adulta. Somos HOAC, somos Iglesia, somos Iglesia en el mundo obrero, somos Iglesia en el mundo obrero hoy, y por ser Iglesia en el mundo obrero, por definición somos Iglesia frontera, en el mundo obrero. Es más difícil que decir soy Iglesia en casa, con el trabajo normal, con mi familia, no me complico la vida… Hay que complicársela, si asumes tu misión te complicas la vida automáticamente, dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia. Sólo que ese dentro o ese fuera han de ser llevados con esperanza, con relativa serenidad sabiendo hasta dónde llegan los límites.

Si, por otra parte, vosotros no incomodáis un poco a los otros cristianos católicos y a la jerarquía, con respecto a las necesidades del mundo obrero, del mundo laboral ¿quién lo va hacer?

Tú eres una persona de esperanza. A pesar de los sombríos tiempos que vivimos, ¿qué motivos tenemos para seguir manteniendo la esperanza?

La pascua, la fe en el Dios que es Amor, la bondad del corazón humano con tantos gestos de solidaridad, de compromiso, de generosidad hasta el martirio. Sólo tenemos motivos para no desanimar. Existen. En última instancia el que se desanima soy yo. Hemos de evitar dar esa contribución pesimista, cuando ya hay bastante sufrimiento, bastante desencanto. Si nosotros los cristianos no tenemos esperanza, no sé a quién se la vamos a pedir.

Nietzsche decía que los cristianos deberían mostrar con la cara, con la vida, que tienen la esperanza que dicen en la Resurrección, en La Pascua; que lo demuestren.

A la esperanza siempre. Una esperanza creíble, evidentemente, que no es un “viva la Virgen”.

Y la Pascua; yo tengo en el cuarto siempre pintada la palabra Pascua, me parece la palabra más cristiana, que engloba todo. La Pascua es que todos vamos a resucitar y todos nos vamos a salvar, según el Espíritu Santo.

También hay que ayudar a vivir con esperanza. La iglesia ha pecado, hemos pecado mucho, por anunciar temor, la muerte, el infierno, el Castigo de Dios... Yo lo repito mucho en mis homilías: Dios no castiga, no sabe castigar, no puede castigar, el Dios Amor no puede castigar; quien se castiga somos nosotros. Yo les pongo a veces un ejemplo: el otro día se estrelló un muchacho con motocicleta porque iba a 150 km/hora por esas carreteras. ¿Castigo de Dios? No, estupidez de él que iba a 150 por esas carreteras.

¿Qué les dirías a los militantes de la HOAC hoy?, ¿Qué les dirías a tus hermanos obispos de España?

A mis hermanos obispos: Que nos ayuden y que nos ayuden todos a ser cristianos de verdad. Que seamos compañeros y hermanos con el pueblo, en la diócesis que nos ha tocado. Que seamos profecía con nuestro modo de ser, de vivir, con nuestro modo de hablar. Que optemos realmente por los pobres, contra la pobreza. Que nos despojemos personalmente y estructuralmente (la Iglesia anuncia el Evangelio de Dios a los pobres, a los pobres de Dios). Y que demos siempre, siempre, a pesar de todos los pesares, un testimonio de esperanza.

A la querida HOAC: Que se apasione por Jesucristo y por los pobres. Que viva comprometidamente el día a día con mucha libertad, con una fe adulta y con una esperanza contra toda esperanza, como dice San Pablo. Decían que decía un soldado español en la guerra española última famosa: “¿quién dijo miedo habiendo hospitales?”. Yo digo que si hubiese tenido más humor habría dicho: “¿quién dijo miedo habiendo cementerios?”. Y con mucho más humor aún diría: “¿quién dijo miedo habiendo Pascua?”. Entonces, mucha esperanza, mucha esperanza. Y que no se olvide que sólo hay tercer mundo porque hay primer mundo. Si no hubiera primer mundo, no habría tercer mundo. Por tanto, vamos a por el mundo único.

“Hermandad Obrera de Acción Católica: Ha de ser auténtica hermandad, ese será el primer testimonio, insustituible. Hermandad Obrera que trabaja, que lucha por el derecho al trabajo y por la dignidad del trabajo. Una hermandad militante, luchadora, de acción. De acción evangélica, transformadora de la realidad en este mundo neoliberal que nos toca denunciar y combatir. Siendo Iglesia, una iglesia viva, por la corresponsabilidad, por la participación adulta.

En la libertad de los Hijos e Hijas de Dios. Siempre acogiendo, celebrando, construyendo el Reino. Con un abrazo muy fraterno en la Paz subversiva del Evangelio. Pedro”+(PE)

Julio Ruiz.

(*) La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) es un movimiento de Acción Católica especializado en el Mundo Obrero, integrado en la Federación de Movimientos de A.C.cuyo objetivo es la evangelización del mundo obrero

La HOAC nace en 1946 como Movimiento Apostólico de la Acción Católica. Forma, orienta y sostiene militantes obreros cristianos con un Proyecto Evangelizador, entendidas como el logro progresivo de un modo de ser, de pensar, de sentir, de actuar y de vivir, personal y comunitariamente, profundamente cristiano

Comisión Permanente Alfonso XI 4-3º 2814 Madrid

91 701 40 87 fax: 91 522 74 03. C.E. organizacion@hoac.es

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